Durante casi cuatro años, Sarajevo estuvo bajo asedio, bombardeos y la mira de francotiradores en las colinas que rodean la ciudad. Entre abril de 1992 y febrero de 1996, los cerca de 400.000 habitantes padecieron escasez de alimentos, agua, medicamentos, electricidad y seguridad. La guerra no solo se percibía en el horizonte; permeaba las calles, las ventanas, las colas para el pan y los desplazamientos entre domicilios.
++ Sistema de IA revela cómo personas comunes están creando renta pasiva de forma automática
Hoy, décadas después, una de las acusaciones más inquietantes de aquel sitio vuelve a ocupar la atención de investigadores y periodistas de guerra. Se afirma que millonarios extranjeros habrían viajado expresamente a Sarajevo para participar en supuestos “safaris humanos”, pagando por el privilegio de disparar contra civiles indefensos.
++ Mujer obtuvo en los tribunales el derecho a cegar con ácido al hombre que la atacó tras rechazar su propuesta de matrimonio
El caso cobró fuerza gracias al periodista italiano Ezio Gavazzeni, quien presentó las denuncias ante la Fiscalía de Milán. Según él, ciudadanos italianos y otros europeos desembolsaron elevadas sumas para acompañar a tiradores serbios y abrir fuego contra los habitantes de la ciudad sitiada. A finales de 2025, el Ministerio Público de Milán abrió una investigación preliminar sobre estos hechos.
El sitio histórico conocido como el Cerco de Sarajevo comenzó el 5 de abril de 1992 y concluyó el 29 de febrero de 1996, con un saldo oficial de más de 11.000 civiles muertos. Para moverse por la ciudad, la población tenía que atravesar zonas expuestas, plenamente consciente de que podía ser blanco de disparos en cualquier momento, procedentes de montañas y edificios vecinos.
Una de las rutas más temidas era la llamada “Sniper Alley” (“Calle del Francotirador”), un trayecto peligroso pero frecuentemente imprescindible. Los vecinos corrían entre edificios devastados, vehículos destrozados y barreras improvisadas para esquivar a los tiradores. Según las nuevas averiguaciones, desde algunos de los puntos elevados de esa vía los presuntos turistas de la muerte habrían participado en las cacerías humanas.
Gavazzeni sostiene que personas de alto poder adquisitivo viajaron a Bosnia en los años noventa para pagar por el derecho de matar civiles. Las acusaciones, aunque aún sin confirmación judicial, se basan en testimonios de testigos y documentos recopilados durante décadas.
El periodista croata Domagoj Margetic amplía la denuncia en su libro Pay and Shoot. Cita documentos que supuestamente entregó el oficial de inteligencia bosnio Nedzad Ugljen antes de su muerte en 1996, en los que se detallaban tarifas: alrededor de 80.000 marcos alemanes para disparar a hombres o mujeres de mediana edad (equivalentes a unos 40.900 euros), 95.000 marcos para mujeres jóvenes (unos 48.600 euros) y 110.000 marcos para mujeres embarazadas (aproximadamente 56.300 euros). En la conversión de la época, dichos importes se traducían en cifras cercanas a 35.000–49.000 libras (unos 40.000–56.000 euros).
La revelación más explosiva apunta a un miembro de la realeza europea entre los sospechosos. Varios integrantes de la milicia bosnio-serbia habrían mencionado su participación. “Ugljen también escribió que los extranjeros competían por disparar a las mujeres más hermosas”, afirma Margetic. En su relato al diario The Times, añade que esta persona llegaba en helicóptero, se alojaba en Vogošća, cerca de Sarajevo, y habría mostrado interés incluso en disparar contra niños.
El nombre de este supuesto noble no ha trascendido en los documentos presentados hasta ahora. La falta de confirmación judicial intensifica la presión para que las pruebas y los testimonios sean formalmente analizados.
Margetic responsabiliza asimismo al croata Zvonko Horvatinčić de organizar estos viajes macabros. Según el investigador, Horvatinčić habría preparado cacerías de animales para clientes adinerados en Croacia antes de la guerra y, al estallar el sitio de Sarajevo en el verano de 1992, habría recibido solicitudes de italianos acomodados para trasladar su “actividad cinegética” a la ciudad sitiada.
El periodista también asegura haber entrevistado a Josip Manolić, ex primer ministro de Croacia, quien describió dos rutas de acceso: una saliendo de un hotel en Jastrebarsko, cerca de Zagreb, y otra a través de Belgrado. Manolić habría comentado que el entonces presidente croata Franjo Tuđman veía el prolongado cerco como un medio para debilitar a las fuerzas serbias.
Las acusaciones sobre estos “turistas francotiradores” no son nuevas. En 1993, el oficial de inteligencia bosnio Edin Subašić recogió el testimonio de un voluntario serbio que habló de cinco italianos con equipo sofisticado que se definían como cazadores contratados para abatir a civiles en Sarajevo. En 2007, el ex infante de marina estadounidense John Jordan declaró ante el Tribunal Penal Internacional que, aunque nunca vio a esos “turistas” disparar, sí los había observado siendo conducidos por expertos a posiciones estratégicas.
En 2014, el periodista Luca Leone relató casos similares en Croacia y Bosnia, y en 2022 el documental Sarajevo Safari, del esloveno Miran Zupančič, recuperó varios testimonios de presuntos visitantes que llegaron para disparar a cambio de dinero. Según una fuente anónima del filme, vinculada a una importante agencia estadounidense, esos extranjeros ingresaban por puestos controlados por paramilitares serbios y abrían fuego contra ciudadanos cercados.
En febrero de 2026, un camionero italiano de 80 años se convirtió en el primer sospechoso investigado por homicidio agravado. Además, en Estados Unidos la congresista Anna Paulina Luna anunció que abrió una indagación propia y declaró: “Si hay estadounidenses involucrados, deben ser acusados y juzgados”.
La publicación Membro da realeza supostamente envolvido em “safári humano” para caçar mulheres grávidas apareció primero en 111 Next.


