Lanza tu negocio online con inteligencia artificial y empieza a ganar dinero hoy con iCHAIT.COM

Ciudad de México se está hundiendo rápidamente y ya es visible desde el espacio

Date:


Imagen satelital de la subsidencia urbana en la Ciudad de México (Foto: Instagram).

La Ciudad de México está literalmente hundiéndose, no es una figura retórica. Partes de esta megalópolis descienden de manera paulatina cada mes, un proceso que ya puede detectarse mediante radares instalados en satélites. Este fenómeno, conocido como subsidencia, se produce cuando el terreno pierde volumen o soporte y comienza a ceder hacia abajo.

El caso resulta especialmente alarmante por tratarse de una de las ciudades más pobladas del planeta. La Ciudad de México alberga a millones de personas, avenidas concurridas, barrios históricos, edificios modernos, aeropuertos y una extensa red de metro, todo ello edificado sobre un suelo particularmente vulnerable. Esta urbe se asienta en el lecho de una antigua cuenca lacustre donde antes se encontraban lagos y zonas pantanosas. A lo largo de los siglos, ese terreno arcilloso fue drenado, ocupado y compactado bajo el peso de la ciudad.

Actualmente, algunas zonas de la metrópoli están hundiéndose a un ritmo preocupante. Datos recientes obtenidos por radar satelital revelan áreas que registran subsidencia superior a 2 centímetros al mes, lo que equivale a más de 24 centímetros al año en las regiones más críticas. En cualquier ciudad, esa cifra sería alarmante; en una capital del tamaño y peso infraestructural de la Ciudad de México, el problema alcanza dimensiones urbanas de gran envergadura.

La historia de esta urbe ayuda a comprender el origen de la cuestión. La antigua Tenochtitlán, capital de los aztecas, se construyó sobre islas en el lago Texcoco. Tras la llegada de los españoles, se llevaron a cabo obras de drenaje y expansión urbana que eliminaron buena parte de los cuerpos de agua. Con el tiempo, la ciudad creció sobre depósitos de arcilla, sedimentos y materiales naturales acumulados en el antiguo fondo lacustre.

Este tipo de suelo funciona como una esponja compactada: mientras conserva agua en su interior, mantiene parte de su volumen; cuando esa agua se extrae en exceso, los poros se reducen y el terreno se hunde. El proceso es lento pero constante, como si la ciudad reposara sobre un colchón que pierde aire gradualmente.

La extracción de agua subterránea se señala como una de las principales causas de la subsidencia. La enorme metrópoli depende en gran medida de sus acuíferos para el suministro de agua potable. A medida que millones de habitantes consumen recursos hídricos, el subsuelo se vacía y las capas de arcilla se comprimen irreversiblemente en muchos casos.

El monitoreo por satélite ha detectado que entre el 25 de octubre de 2025 y el 17 de enero de 2026 algunas zonas de la Ciudad de México se hundieron aproximadamente 2 centímetros al mes. Aunque esas variaciones en la altitud pueden parecer reducidas, se acumulan año tras año, provocando grietas y daños en carreteras, edificios y redes de abastecimiento.

La subsidencia no se distribuye de manera uniforme en todo el territorio urbano. Mientras algunos barrios permanecen relativamente estables, otros se hunden con mayor rapidez. Por ello, la medición radar es fundamental: los satélites son capaces de identificar pequeñas deformaciones superficiales a lo largo del tiempo, detecciones que serían difíciles de apreciar desde el suelo.

Los mapas resultantes de estos estudios muestran manchas de hundimiento diseminadas por toda la zona metropolitana. En ellos, las áreas más afectadas aparecen resaltadas, indicando los puntos donde el suelo cede con mayor intensidad. Este movimiento puede dañar calzadas, tuberías, redes de saneamiento, vías de tren, cimentaciones y estructuras arquitectónicas.

Los efectos ya son perceptibles en el día a día: grietas en fachadas, aceras desniveladas, inclinación de edificaciones y averías en infraestructuras subterráneas están relacionadas con el desplazamiento del terreno. Cuando una sección se hunde más rápido que otra, las tensiones resultantes pueden agravar los desperfectos existentes.

La gestión del agua también se complica. Las tuberías pueden romperse con mayor facilidad, provocando fugas que a su vez incrementan el desperdicio de un recurso en una ciudad que ya sufre presión sobre su abastecimiento. Es un círculo vicioso: la Ciudad de México extrae agua del subsuelo para sobrevivir, pero esa misma extracción acelera el hundimiento del terreno que sostiene sus edificios y habitantes.

La Ciudad de México no es la única gran urbe afectada por la subsidencia. Otras ciudades erigidas sobre deltas, antiguos humedales o zonas de intensa explotación de acuíferos también experimentan este fenómeno. Lo que distingue al caso mexicano es la velocidad del hundimiento, la densidad demográfica y la importancia histórica de la capital.

Compartir este post:

Suscribirse

Popular

Más como esto
Relacionado

Primera apertura de placa tectónica registrada en la costa de Canadá

Imágenes inéditas revelan placa tectónica rasgándose bajo el Pacífico...

OMS alerta sobre mortalidad del hantavirus y búsqueda de 82 pasajeros expuestos

Un crucero de expedición que atravesaba el Atlántico se...

Miembro de la realeza supuestamente involucrado en “safari humano” para cazar mujeres embarazadas

Durante casi cuatro años, Sarajevo estuvo bajo asedio, bombardeos...