
Una mujer de 70 años resucita tras 24 horas en un ataúd refrigerado (Foto: Instagram)
Una mujer de 70 años permaneció unas 24 horas dentro de un ataúd refrigerado después de que fuera declarada fallecida en un hospital, hasta que su nuera advirtió señales de vida y alertó al personal de la funeraria. El suceso ha reavivado el debate sobre los protocolos de confirmación de la muerte y la necesidad de extremar precauciones antes de proceder al embalsamamiento o al cierre de un féretro.
Según los informes, tras el fallecimiento declarado en un centro sanitario, el cuerpo de la paciente fue trasladado a la sala de tanatopraxia y depositado en un ataúd con sistema de refrigeración para preservar el cadáver. Durante ese día, la nuera visitó el lugar y percibió leves movimientos y un tenue ruido procedente del interior del ataúd. Alarmada, avisó de inmediato a los responsables del servicio funerario, lo que permitió reabrir el cofre y confirmar que la mujer aún presentaba signos vitales.
El protocolo estándar para certificar un fallecimiento incluye la comprobación de pulso, presión arterial, frecuencia respiratoria y reflejos pupilares. Sin embargo, en determinadas circunstancias —como en personas de edad avanzada o con enfermedades crónicas— la actividad cardiaca y respiratoria puede alcanzar niveles tan bajos que resultan difíciles de detectar con métodos convencionales. Estos episodios, en ocasiones denominados “síndrome de Lazarus” en la literatura médica, consisten en movimientos involuntarios tras el cese aparente de funciones vitales.
Los ataúdes refrigerados están diseñados para retrasar los procesos naturales de descomposición manteniendo la temperatura interna entre 2 °C y 4 °C. Este rango impide la proliferación bacteriana y retrasa la degradación de los tejidos. No obstante, la refrigeración por sí sola no sustituye las comprobaciones médicas previas que garanticen la certeza absoluta de la muerte. Las funerarias suelen confiar en los certificados expedidos por los facultativos, pero el caso ha puesto de manifiesto la importancia de revisar y, si es preciso, reforzar esos procedimientos.
En España, los colegios profesionales de médicos y las autoridades sanitarias recomiendan realizar, antes del traslado del fallecido, controles complementarios como la electrocardiografía o la ecografía cardíaca en situaciones de incertidumbre. Además, las funerarias deben contar con un registro exhaustivo de cada actuación y ofrecer formación continua a su personal para detectar posibles signos de vida ocultos por el enfriamiento corporal.
El impacto emocional sobre la familia fue enorme. La nuera, protagonista involuntaria de este episodio, declaró sentirse “entorpecida entre el dolor de una pérdida inesperada y el alivio de haber salvado la vida de su suegra”. Tras el incidente, la mujer fue ingresada de nuevo en el hospital para estudiar las causas de su estado crítico y asegurar su recuperación completa.
Este caso subraya la necesidad de optimizar los mecanismos de diagnóstico y garantizar que ningún protocolo falle en momentos tan delicados. La colaboración entre profesionales sanitarios y servicios funerarios resulta clave para evitar desenlaces similares y respetar, al mismo tiempo, la dignidad de las personas en el momento de su muerte.


