El marinero Poon Lim sobrevivió 133 días a la deriva en el océano Atlántico tras el barco en el que trabajaba ser alcanzado por un torpedo en 1942, durante la Segunda Guerra Mundial. Fue el único superviviente del naufragio.
Tras el ataque, Lim logró alcanzar una pequeña balsa de madera con suministros muy limitados, que apenas le dieron para las primeras semanas. A medida que pasaban los días, tuvo que improvisar medios de supervivencia en alta mar para poder mantenerse con vida.
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Sin alimentos ni agua suficientes, el marinero empleó objetos que encontró en la embarcación semihundida para subsistir. Convirtó finos hilos de cobre en anzuelos rudimentarios y utilizó un clavo como herramienta principal para capturar peces y aves, lo que le proporcionó las proteínas necesarias y, en última instancia, garantizó su supervivencia.
Durante su deriva, Poon Lim afrontó condiciones extremas, desde la exposición constante a los rayos del sol hasta fuertes tormentas que azotaban la balsa. Para hidratarse, dependía exclusivamente del agua de lluvia recolectada en improvisados recipientes y, cuando escaseaba, llegó a recortar trozos de tela para filtrar el agua de mar y reducir parcialmente el contenido de sal.
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Después de 133 días en el mar, Poon Lim fue divisado cerca de la costa del estado de Pará, en Brasil. Un grupo de pescadores lo rescató y lo trasladó a Belém, donde recibió atención médica. Con el tiempo, su caso ha sido reconocido como uno de los registros más prolongados de supervivencia en solitario sobre una balsa en mar abierto.
Contexto histórico
Durante la Segunda Guerra Mundial, los ataques de submarinos –especialmente los del tipo U-Boot alemán– representaban una amenaza constante para la navegación aliada en el Atlántico. Las balsas salvavidas de aquellos años eran básicas y estaban diseñadas para proporcionar flotabilidad, pero disponían de escasos elementos de supervivencia. El relato de Poon Lim ilustra la extrema dureza de aquellas misiones: a menudo, los náufragos tenían que estirar sus raciones al máximo y desarrollar técnicas improvisadas para captar recursos del océano.
Técnicas de supervivencia en balsas
Sobrevivir semanas o meses a la deriva implica dominar ciertos conocimientos: racionar el agua, recolectar lluvia, fabricar anzuelos, atrapar aves marinas y pescar. La conservación de la energía era igualmente crucial: Poon Lim redujo su actividad física al mínimo, aprovechaba la sombra creada por la propia balsa y dormía largas horas para mantener su organismo en funciones básicas. Además, improvisó velas con fragmentos de tela para orientar la balsa hacia corrientes que pudieran acercarlo a la costa.
Aspectos médicos y psicológicos
En un entorno así, los riesgos de deshidratación, hipotermia nocturna y trastornos por aislamiento eran extremos. La falta de estímulos sociales y el constante contacto con un horizonte infinito requieren una fortaleza mental extraordinaria. Estudios sobre supervivencia en el mar indican que mantener la motivación, fijarse pequeños objetivos diarios y conservar la esperanza son factores clave para resistir situaciones prolongadas de estrés.
Legado y reconocimiento
La hazaña de Poon Lim perduró en la memoria colectiva y su caso fue incluido en el Guinness World Records como la supervivencia más prolongada en una balsa salvavidas. Su historia ha servido de referencia en manuales de supervivencia marítima y en cursos de formación para navegantes y servicios de rescate.
Hoy, a más de ocho décadas de aquel suceso, su experiencia sigue inspirando investigaciones sobre técnicas de supervivencia y protocolos de salvamento, así como la importancia de contar con equipos adecuados y entrenamiento específico para afrontar emergencias en alta mar.


