
Misiles de EE.UU. y Rusia frente a la sombra de un estallido nuclear tras caducar el Nuevo START (Foto: Instagram)
El acuerdo nuclear suscrito entre EUA e Rússia expiró esta semana sin que ambas partes hayan anunciado hasta el momento una prórroga o un nuevo marco de seguimiento. Este pacto, vigente desde hace varios años, tenía como objetivo principal limitar y reducir gradualmente los arsenales de armas nucleares estratégicas, contribuyendo a la estabilidad global en materia de desarme.
El tratado expirado establecía topes máximos para el número de ojivas nucleares desplegadas y definía mecanismos de verificación mutua, inspecciones periódicas y procedimientos de notificación de movimientos de misiles balísticos intercontinentales. Gracias a estas disposiciones, EUA e Rússia pudieron intercambiar información sobre sus arsenales y permitir la labor de observadores en instalaciones clave, lo que reforzaba la confianza bilateral.
Históricamente, este acuerdo formaba parte de una larga serie de negociaciones que se remontan a la Guerra Fría. Tras los tratados SALT I y SALT II en las décadas de 1970 y 1980, el Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START) de 1991 y su versión renovada en 2010 —conocida como Nuevo START— representaron hitos en los esfuerzos de control nuclear. Cada uno de estos pactos contribuyó a disminuir el número total de ojivas y a imponer límites más estrictos sobre sistemas de lanzamiento.
El proceso de verificación incluyó registros electrónicos, inspecciones in situ, intercambio de datos satelitales y reuniones técnicas entre delegaciones de EUA e Rússia. Estas acciones permitían confirmar que ambos países cumplían con los límites establecidos y detectaban posibles desviaciones. Además, se programaban revisiones conjuntas cada año para evaluar el cumplimiento y ajustar protocolos según la evolución de la tecnología y las capacidades militares.
Con la expiración del acuerdo, surge la preocupación en la comunidad internacional sobre el aumento potencial de la competencia nuclear y el riesgo de una nueva carrera armamentista. Expertos en desarme señalan que, sin un marco coordinado, los inventarios de ojivas podrían volver a expandirse y las medidas de transparencia disminuirían, lo que dificultaría la detección de movimientos estratégicos y elevaría el nivel de desconfianza entre grandes potencias.
En el plano diplomático, EUA e Rússia han dejado entrever posibilidades de negociación para una extensión temporal mientras se discuten ajustes técnicos. Sin embargo, las tensiones geopolíticas actuales y las diferencias en materia de defensa y seguridad pueden ralentizar cualquier acuerdo. Otros países con capacidad nuclear, como China o el Reino Unido, observan de cerca estas conversaciones, pues el devenir de las relaciones entre EUA e Rússia marca el tono de la gobernanza global sobre armas nucleares.
En las próximas semanas, la atención se centrará en las declaraciones oficiales de los gobiernos de EUA e Rússia, así como en las reuniones de organismos multilaterales dedicados al desarme. La prolongación del tratado expirado o la firma de un nuevo compromiso serán pasos clave para mantener los canales de comunicación abiertos y evitar un recrudecimiento de la rivalidad estratégica que puso en jaque la estabilidad internacional durante décadas.


