
El ‘Chief Mouser’ de Downing Street, testigo de la historia política (Foto: Instagram)
Un gato de 15 años se ha convertido en un testigo silencioso de la vida política en Inglaterra desde que fue adoptado en 2011. Este felino, “contratado” oficialmente por el gabinete, ha visto pasar a seis primeros ministros en el histórico edificio de Downing Street, convirtiéndose en una figura habitual para diplomáticos, funcionarios y periodistas que abarrotan los pasillos de la residencia oficial en Londres.
El veterano residente felino fue acogido por el personal de la Oficina del Gabinete hace más de una década con el fin de controlar la población de roedores en la sede del gobierno. Desde entonces, el gato ha desempeñado lo que en el Reino Unido se conoce como “Chief Mouser to the Cabinet Office”, un título no remunerado pero cargado de tradición que hace referencia a la función de cazar ratones y proteger archivos y despachos de posibles incursiones de plagas.
La costumbre de contar con un gato en el entorno de Downing Street se remonta al menos al siglo XIX, aunque se popularizó en el siglo XX con gatos como Wilberforce o Humphrey. Este tipo de contrato simbólico subraya la mezcla de historia y cotidianeidad en la vida política británica. Con cada cambio de Gobierno y relevo en la jefatura del Ejecutivo, el gato permanece en su puesto, adaptándose a nuevos inquilinos y, al mismo tiempo, ofreciendo un toque de normalidad en medio de las altas presiones de la política nacional.
A lo largo de sus 15 años de servicio, el gato ha visto desfilar a seis primeros ministros —cada uno con su estilo y prioridades—, sin mostrar preferencia por ningún líder en particular. Su longevidad y constancia contrastan con la elevada rotación de responsables políticos y reflejan el carácter casi institucional de su presencia. A diario, vigila pasillos, saluda a visitantes y, en ocasiones, posa en las fotografías oficiales junto a diplomáticos o figuras relevantes del ámbito internacional.
Más allá de su labor depredadora de roedores, el felino ha demostrado ser un puente de cercanía entre el Gobierno y el público. Los usuarios de redes sociales suelen celebrar sus apariciones y a menudo publican imágenes o vídeos en los que se le ve merodeando por los jardines o descansando junto a documentos oficiales. Su figura se ha convertido en un elemento casi tan icónico como el famoso número 10 de Downing Street, donde el gato contribuye a humanizar la imagen de un enclave político cargado de historia y decisiones de alcance global.


