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Rastro luminoso de las Oriónidas raya el cielo estrellado en espectáculo del cometa Halley

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Meteoros de las Oriónidas trazando su paso bajo la Vía Láctea (Foto: Instagram)

La famosa lluvia de meteoros asociada al cometa Halley alcanzará su máximo esta semana, ofreciendo un espectáculo visible en todo Brasil. Según la NASA, el fenómeno será más notable entre la noche del miércoles 21 y la madrugada del jueves 22 de octubre, cuando la Tierra atraviese un campo de partículas dejado por el paso de este cometa por el Sistema Solar. Este evento anual se repite cada año en torno a estas fechas, puesto que las partículas siguen orbitando alrededor del Sol en trayectorias similares a las del cometa original.

Conocida como las Oriónidas, esta lluvia de meteoros puede llegar a producir entre 10 y 20 destellos por hora en condiciones ideales. A diferencia de otros fenómenos celestes, los meteoros de las Oriónidas son perfectamente visibles a simple vista, sin necesidad de telescopios ni equipos especiales. Su origen se identifica en los fragmentos de polvo y pequeñas piedras que el cometa Halley va dejando atrás en su recorrido.

La mejor oportunidad de observación se dará en la madrugada del jueves 22, especialmente después de que la Luna se oculte bajo el horizonte y antes del amanecer. Este año, la fase lunar será de un 74 % de iluminación, lo que podría dificultar la percepción de meteoros menos brillantes. No obstante, aquellos con trayectorias más luminosas aún podrán distinguirse contra el brillo lunar.

El punto de donde parecen emanar los meteoros, conocido como radiante, se sitúa en la constelación de Orión, fácilmente reconocible por la alineación de las Tres Marías. Sin embargo, las estrellas fugaces pueden cruzar cualquier parte del cielo, por lo que no es imprescindible mantener la vista fija en esa región. Aplicaciones móviles como Star Walk 2 permiten a los observadores localizar constelaciones y estrellas de forma interactiva, según su posición geográfica y la hora del día.

Para disfrutar al máximo de este espectáculo, se recomienda buscar un lugar con baja contaminación lumínica y una visión despejada del firmamento. Áreas rurales o alejadas de las grandes urbes ofrecen mejores condiciones. Es aconsejable dedicar al menos veinte minutos a que la vista se adapte a la oscuridad y prescindir de fuentes lumínicas directas, como linternas o teléfonos móviles, durante la observación.

Las Oriónidas están formadas por partículas y fragmentos desprendidos por el cometa Halley en pasadas aproximaciones al Sol. Cada año, la Tierra cruza esta región del espacio y las partículas que entran en la atmósfera a gran velocidad se calientan y se ionizan, dejando rastros luminosos conocidos popularmente como estrellas fugaces.

De acuerdo con datos de la NASA, los meteoros de las Oriónidas penetran la atmósfera terrestre a unos 66 kilómetros por segundo, lo que equivale a casi 238 000 kilómetros por hora. Esa elevada velocidad provoca que algunos meteoros generen breves estelas brillantes que pueden permanecer visibles durante varios segundos.

El cometa Halley, uno de los más conocidos en la historia de la astronomía, realizó su última aparición en las cercanías del Sol en 1986, y su próxima aproximación se prevé para 2061. Sin embargo, no es necesario esperar tanto tiempo para apreciar sus efectos, ya que los restos de su paso de hace décadas siguen cruzando nuestra órbita.

Además de las Oriónidas, existen otras dos lluvias de meteoros asociadas a los fragmentos de Halley: las Eta Acuáridas, que tienen lugar entre abril y mayo. Las Oriónidas pueden observarse desde el 2 de octubre hasta el 7 de noviembre, con su máxima actividad entre los días 21 y 22 de octubre.

Contexto adicional:
Las lluvias de meteoros son fenómenos astronómicos que se producen cuando la Tierra atraviesa corrientes de partículas dejadas por cometas o asteroides. Los fragmentos, al entrar en contacto con la atmósfera, se desintegran y generan destellos lumínicos. La velocidad, tamaño y composición de cada partícula influyen en la luminosidad y duración del meteorito. A lo largo del año, el cielo ofrece varios de estos espectáculos, cada uno ligado a un objeto progenitor y una órbita particular. Observarlos no solo resulta fascinante, sino que también ayuda a científicos a estudiar la composición de cometas antiguos y la dinámica del sistema planetario.

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