Paisley Morrison-Johnson, de 16 meses, nació en Dakota del Sur, en Estados Unidos, con la lengua de un tamaño inusualmente grande, similar al de un adulto. Esta condición se debe a la síndrome de Beckwith-Wiedemann (BWS), un trastorno genético que causa un crecimiento anormal de determinadas partes del cuerpo. Desde el nacimiento, la niña presentó dificultades para mantener la lengua dentro de la boca, lo que le impedía sonreír con normalidad y ponía en riesgo sus vías respiratorias.
La madre, Madison Kienow, relató al medio BuzzFeed News que desconocía por completo la existencia de esta anomalía durante el embarazo. El diagnóstico se produjo de forma inesperada cuando se practicó una cesárea de emergencia dos meses antes de la fecha prevista. “Durante mi cesárea, ellos la sacaron y enseguida advirtieron que su lengua era enorme”, explicó Madison. Ante el peligro de que el órgano bloquease las vías aéreas, los médicos decidieron colocar a la recién nacida en un ventilador para garantizar su respiración. “No pude ni verla, ni tocarla, ni escuchar su llanto en aquel momento”, añadió la madre.
Durante los primeros tres meses y medio de vida, Paisley permaneció ingresada en la unidad de cuidados intensivos neonatales (UCIN). Fue entonces cuando los especialistas confirmaron el diagnóstico de síndrome de Beckwith-Wiedemann, una patología rara que afecta a uno de cada 13.000 recién nacidos en todo el mundo. Este síndrome está asociado a alteraciones en el locus 11p15.5 del cromosoma 11, donde ocurren errores en la impronta genética. Los pacientes suelen presentar macroglosia (lengua grande), hemihiperplasia (asimetría en el crecimiento de los lados del cuerpo) y mayor riesgo de desarrollar tumores durante la infancia.
Para corregir la macroglosia, los médicos recomendaron intervenir quirúrgicamente. La primera operación de reducción de lengua se llevó a cabo cuando Paisley tenía seis meses. En aquel momento, el cirujano comentó: “Es la lengua más grande que he visto en mi vida, especialmente en un paciente tan pequeño”. La segunda intervención se realizó al cumplir los 13 meses, con el fin de mejorar la forma y funcionalidad del órgano, así como prevenir posibles complicaciones en el habla y la alimentación.
La macroglosia en neonatos puede originar dificultades para la alimentación al no poder succionar adecuadamente, problemas para deglutir y riesgo de asfixia. Además, puede interferir en el desarrollo del habla y en la salud dental. El tratamiento habitual incluye técnicas quirúrgicas de reducción parcial de la lengua, combinadas con terapia logopédica y odontológica para garantizar un correcto desarrollo fonético y dental tras la intervención.
Tras las cirugías, Madison observó notables mejoras en la vida diaria de su hija. “Ya no tengo que preocuparme por las asfixias”, señaló. Paisley empezó a pronunciar sus primeras palabras, tolera alimentos sólidos e incluso sus dientes comenzaron a salir tras los procedimientos. A los 16 meses, la niña dio sus primeros pasos y ha mostrado un desarrollo motor acorde a su edad, sin los obstáculos que representaba la macroglosia en etapas tempranas.
El caso de Paisley ilustra la importancia de un diagnóstico precoz y de intervenciones multidisciplinares en neonatos con síndrome de Beckwith-Wiedemann. Los equipos de neonatología, cirugía pediátrica, genética y fisioterapia juegan un papel esencial para mejorar la calidad de vida y el pronóstico de estos pacientes. Gracias a los avances médicos y al seguimiento intensivo, muchos niños con esta condición logran un desarrollo cercano al de sus pares, superando las barreras iniciales impuestas por la enfermedad.


