
Cúpula del Capitolio de EE.UU. tras los cerezos en flor (Foto: Instagram)
El Gobierno de los EUA ha aprobado una medida que autoriza la imposición de tasas arancelarias de hasta el 100% sobre los países que sigan comprando petróleo y gas rusos. Esta normativa se presenta como una herramienta para restringir los ingresos de Rusia procedentes de la venta de hidrocarburos, obligando a terceros Estados a replantear sus rutas de suministro energético. La decisión afecta tanto a crudo como a gas natural licuado y se aplicará de forma inmediata a las importaciones alcanzadas por la regulación.
La iniciativa forma parte de un paquete más amplio de sanciones económicas contra Rusia, diseñado para intensificar la presión financiera sin recurrir a un embargo total. Con esta medida, los EUA buscan castigar a quienes mantienen vínculos comerciales con compañías energéticas rusas, elevando el coste de adquisición y transporte del petróleo y del gas. El objetivo es que los posibles beneficiarios del comercio ruso evalúen si les conviene seguir pagando aranceles extraordinarios o diversificar sus contratos hacia otros proveedores.
Según el texto oficial, las tasas se calcularán sobre el valor CIF (coste, seguro y flete) de la mercancía importada. Esto significa que, además del precio base del petróleo o gas, se sumará el coste del transporte marítimo y de los seguros necesarios para llevar el producto hasta el puerto de destino. Al incluir todos estos componentes en la base imponible, el arancel puede alcanzar cifras muy superiores al valor original del hidrocarburo, elevando considerablemente el coste final para los países importadores.
En términos de antecedentes, los EUA ya han aplicado sanciones selectivas al sector energético ruso desde 2014, tras la anexión de Crimea, y sobre empresas concretas a partir de 2018. Sin embargo, esta es la primera vez que se plantea un arancel generalizado de hasta el 100% que penaliza indirectamente a terceros países. La nueva estrategia complementa las restricciones financieras y de exportación de tecnología avanzada que ya pesan sobre el sector de hidrocarburos de Rusia.
En el mercado internacional, la expectativa de aranceles tan elevados ha generado un repunte en los precios del petróleo Brent y del gas natural, pues los compradores buscan alternativas a los suministros rusos antes de que entren plenamente en vigor los gravámenes. A su vez, la medida puede acelerar la reorientación de flujos energéticos hacia regiones como Asia, donde aún hay demanda dispuesta a asumir costes más altos a cambio de asegurar el suministro.
El alcance real de la iniciativa dependerá de la capacidad de monitoreo de las aduanas de los EUA y de la reacción de los países importadores. Mientras tanto, las autoridades estadounidenses mantendrán abierta la puerta a nuevas prórrogas o ajustes en el porcentaje de la tasa, en función de la evolución de los precios globales y de la voluntad de los compradores de petróleo y gas rusos. Con esta maniobra, los EUA refuerzan su papel como actor clave en la geopolítica energética mundial.


