El caso de Lindsay Clancy, en Massachusetts, forma parte de una secuencia de investigaciones que involucran a madres acusadas de matar a sus propios hijos en Estados Unidos. Entre estos episodios figuran diversos estados y circunstancias, todos marcados por acusaciones de homicidio en primer grado o tentativa de homicidio, y en algunos casos por agravantes de abuso infantil.
Uno de los primeros casos resonantes fue el de Kristen Bass, de 28 años, acusada de matar a tiros a su hija de un año, Acelynn Moss, en Sulphur, Louisiana, el pasado 1 de enero. El padre de la niña declaró que encontró a Bass con el arma después de escuchar un disparo. Fue imputada por homicidio en primer grado y el tribunal le fijó una fianza de 10 millones de dólares (unos 9,3 millones de euros).
En Santa Mónica, California, Carmen Anita DeGregg, de 24 años, fue arrestada en el campus de la UCLA tras admitir que había herido a su hija de 17 meses y dejado el cuerpo en un apartamento. La menor fue encontrada con lesiones graves y falleció en el hospital. DeGregg responde a cargos de homicidio y agresión contra un menor.
En Hillsborough, Florida, Priyatharsini Natarajan, de 35 años, está acusada de matar a sus dos hijos de 5 y 7 años. El padre los encontró inconscientes al regresar del trabajo y llamó a la policía. Ambos niños fueron hallados muertos en la vivienda. Natarajan responde a dos cargos de homicidio en primer grado y se ha declarado inocente.
Diana Cullom, de St. Petersburg, Florida, fue acusada de matar a su hijo Finley, de 4 años. La hija adolescente de 16 años descubrió a su madre sujetando al niño cuando regresó de la escuela. Un examen médico concluyó que la causa fue asfixia. La acusada fue considerada incompetente para responder al proceso y ha comenzado un tratamiento psiquiátrico.
En Pensacola, Florida, Jalynda Smith, de 36 años, está imputada por la muerte de su hijo de 5 años, cuyo cuerpo apareció dentro de una bolsa de basura junto al agua. La víctima, con autismo y no verbal, estaba gravemente desnutrida. Smith pasó de responder por homicidio culposo a enfrentar cargos de homicidio en primer grado.
April Oliva, de 40 años, fue acusada en Milton, Massachusetts, de apuñalar 40 veces a su hija Valerie, de 6 años, dentro de la residencia familiar. Permaneció detenida mientras avanzaba el proceso.
En Cleveland, Ohio, Aliyah Henderson, de 28 años, está acusada de matar a sus hijas Amor Wilson, de 10 años, y Mila Chatman, de 8 años. Sus cuerpos fueron hallados en maletas enterradas en una zona de la ciudad. Henderson enfrenta cargos que incluyen homicidio calificado, secuestro y abuso de cadáver.
Tyiece Oninski, de 41 años, fue acusada en la región de Turtle (posiblemente Minnesota) de asesinar a su hija Kuren Rein, de 14 años, alegando haberla matado “para protegerla” de una supuesta amenaza vinculada a Elon Musk. La adolescente murió tras ser apuñalada y Oninski intentó quitarse la vida.
En Wellesley, Massachusetts, Janette MacAusland, de 49 años, confesó haber matado a sus hijos Kai, de 7 años, y Ella, de 6 años, en medio de una disputa por la custodia. Tras el crimen viajó a Vermont, donde fue detenida. Enfrenta dos cargos de homicidio.
Kaitlynn Dominick, en Baldwin County, Alabama, de 22 años, está acusada de provocar la muerte de su hijo de 17 meses al administrarle una mezcla líquida por el tubo de alimentación. El menor murió en el hospital y la madre responde por homicidio culposo y abuso infantil agravado.
En Keizer, Oregón, Chardonnay Benavidez, de 32 años, habría intentado matar a sus tres hijos mediante intoxicación por monóxido de carbono. Llamó al 911 diciendo que perdían y recuperaban la conciencia. Todos sobrevivieron y ella responde a seis cargos de tentativa de homicidio y agresión en primer grado.
Finalmente, en Mandan, Dakota del Norte, Kailey Erhart, de 22 años, atacó con un cuchillo a sus tres hijos de 5 meses, 1 año y 3 años. Los dos menores de menor edad fallecieron y el niño de 1 año sobrevivió tras cirugía. Erhart enfrenta cargos por dos homicidios, tentativa de homicidio y agresiones agravadas.
Contexto histórico y legal:
El filicidio, término utilizado para describir el acto de un padre o madre que mata a su hijo, es un fenómeno complejo que abarca factores de salud mental, dinámicas familiares y cuestiones socioeconómicas. Según estudios de organismos como los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), los casos de homicidio intrafamiliar suelen estar asociados a episodios de depresión posparto, psicosis puerperal y alteraciones psicológicas severas. El sistema judicial de Estados Unidos evalúa cada caso bajo leyes estatales y federales, estableciendo grados de culpa y fianzas en función de la peligrosidad y el riesgo de fuga.
La difusión de estos crímenes en medios y redes sociales ha generado debates sobre la prevención: desde protocolos de evaluación de riesgos en servicios de salud mental hasta programas de atención a madres en situaciones de crisis. Sin embargo, los expertos coinciden en que la identificación temprana de síntomas psicóticos y la intervención psiquiátrica son clave para evitar tragedias.


