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El Niño de 2026-2027 puede ser uno de los más intensos jamás registrados. Entienda

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El El Niño que se está formando en el Océano Pacífico podría convertir el final de 2026 y el comienzo de 2027 en un periodo de vigilancia para el clima mundial. El fenómeno ya está presente y se está fortaleciendo. Según las previsiones más recientes, existe más del 90 % de probabilidades de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno del Hemisferio Norte. Para el periodo comprendido entre octubre y diciembre de 2026, la probabilidad de que se produzca un episodio considerado histórico llega al 69 %.

El fenómeno de El Niño forma parte del ciclo climático conocido como ENSO (El Niño–Oscilación del Sur), que alterna fases cálidas (El Niño) y frías (La Niña) con cierta periodicidad, normalmente cada dos o siete años. Se monitoriza a través de una red global de boyas oceánicas, satélites y modelos numéricos de predicción. Uno de los indicadores más utilizados es el Índice del Niño 3.4 (ONI), que mide el desviación de la temperatura de la superficie del mar en una región central del Pacífico ecuatorial. Cuando ese índice supera los +0,5 °C durante varios meses consecutivos, se considera que ha comenzado un episodio de El Niño. Otro parámetro relevante es el Índice de Oscilación del Sur (SOI), que compara las presiones atmosféricas de Tahití y Darwin; valores negativos prolongados suelen asociarse a la fase cálida del ENSO.

Históricamente, episodios destacados como el de 1982-1983, el de 1997-1998 y el de 2015-2016 se consideran algunos de los más intensos de las últimas décadas, con efectos significativos sobre patrones de precipitación, temperaturas y ecosistemas marinos. El de 1997-1998, por ejemplo, generó inundaciones extremas en partes de América del Sur y olas de calor en otras regiones, mientras que el de 2015-2016 provocó sequías prolongadas en algunas áreas agrícolas.

El El Niño se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial presentan una temperatura más elevada de lo habitual. Este calentamiento altera la circulación atmosférica y puede modificar los patrones de lluvia y temperatura en distintas zonas del planeta. Las consecuencias varían según la región: mientras algunos territorios pueden enfrentar lluvias por encima de la media, tormentas y riadas, otros corren el riesgo de sufrir sequías prolongadas y olas de calor intensas.

En lugares que ya padecen altas temperaturas o escasez de agua, estos efectos pueden intensificar la presión sobre los recursos naturales. La agricultura es uno de los sectores más vulnerables al cambio en el régimen de precipitaciones y al aumento de temperaturas. Una variación en el ciclo de lluvias puede dañar cultivos, reducir rendimientos y afectar la disponibilidad de alimentos. La producción de granos, café, cacao y otras cosechas puede verse alterada en función de la localización geográfica y las condiciones previas de suelo y humedad.

Además, las alteraciones en la cantidad y distribución de las lluvias pueden impactar en embalses, ríos y sistemas de abastecimiento de agua. Por ello, la posible intensidad del El Niño 2026-2027 llama la atención de expertos y autoridades de todo el mundo. Aunque los impactos exactos aún no pueden determinarse con certeza, la combinación de un El Niño fuerte y el contexto del actual calentamiento global podría aumentar la frecuencia y gravedad de eventos climáticos extremos en diversas regiones.

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