Quién visita Japón puede sorprenderse con la cantidad de pequeños comportamientos que forman parte de la rutina de los japoneses. En una sociedad donde la armonía (wa), el respeto y la consideración por el espacio colectivo son valores fundamentales, actitudes que parecen simples para otras culturas se convierten en requisitos esenciales para la buena convivencia. Es en este contexto que surge la idea de un Japón famoso por sus numerosos “noes”.
Para empezar, está la cultura de las propinas. En Japón no es habitual dejar una gratificación extra al camarero o al taxista. Un excelente servicio forma parte de su trabajo, no de un servicio que deba ser recompensado económicamente. Ofrecer una propina puede incluso interpretarse como un gesto ofensivo o de arrogancia, ya que implica que el trabajador no hace bien su labor a menos que se le compense adicionalmente.
En el ámbito del transporte público, alzar la voz o mantener conversaciones telefónicas se considera una falta de respeto. El silencio en los trenes y metros japoneses no es fruto del cansancio, sino una muestra de consideración hacia los demás pasajeros. Incluso en los trayectos más concurridos, el tono de voz se mantiene bajo, los teléfonos suelen silenciarse o utilizar modos vibración para no molestar a quienes comparten el mismo vagón, y las miradas evitan el contacto directo.
Algo que sorprende a muchos visitantes es que comer mientras se camina está mal visto. En las calles de Tokio, Osaka o Kioto, se espera que las personas se detengan, busquen un espacio adecuado o utilicen las zonas habilitadas para ello. Detenerse indica respeto tanto por el acto de alimentación como por la limpieza de las aceras y la tranquilidad del entorno. Además, muchos establecimientos de comida rápida ofrecen espacios para sentarse, reforzando la importancia de disfrutar la comida con calma.
El tratamiento de la basura es otro ejemplo de responsabilidad colectiva. Pese a la escasez de papeleras en la vía pública, Japón destaca por la pulcritud de sus espacios urbanos. Los ciudadanos suelen llevar su propia basura hasta encontrar un contenedor o, en ausencia de éste, regresan con ella hasta su lugar de origen o buscan un punto de reciclaje. Esta práctica, junto con un sistema de separación de residuos muy estricto, reduce la proliferación de desperdicios y mantiene la imagen impecable de calles, parques y estaciones.
En cuanto a la expresión de afecto, los besos y abrazos intensos o los comportamientos muy llamativos no son habituales en espacios públicos. El valor que se atribuye a la discreción y al respeto por el espacio personal de cada individuo limita los gestos excesivos, reservándolos para la intimidad de hogares y lugares privados. Pasear de la mano o mostrar cariño de forma moderada sí se acepta, pero siempre con mesura.
Las normas de tráfico y cruce peatonal ejemplifican otra forma de demostrar consideración. Aunque la calle parezca vacía, es frecuente que los peatones esperen a que el semáforo indique el paso. Respetar la señalización no solo es un tema de seguridad, sino también una muestra de responsabilidad social y civilidad compartida. Cruzar en rojo, además de peligroso, puede generar reproches de otros transeúntes.
Finalmente, en hogares, templos y alojamientos tradicionales —los ryokan— es habitual quitarse los zapatos al entrar. Este gesto sencillo ayuda a conservar la limpieza del interior y es, a la vez, una muestra de cortesía y respeto hacia el anfitrión y el espacio sagrado o doméstico. A menudo, junto a la puerta se encuentran zapatillas de interior (uwabaki) para uso exclusivo dentro de la vivienda.
Todas estas normas no surgen de prohibiciones arbitrarias, sino de conceptos profundamente arraigados en la cultura japonesa, como el meiwaku (no molestar a los demás) y el omotenashi (hospitalidad atenta). Se aprenden desde la infancia, tanto en la familia como en las escuelas, donde los alumnos participan en la limpieza de las aulas y se les enseña a valorar cada gesto hacia la comunidad. Así, la llamada cultura de los “noes” revela una característica distintiva del Japón: la importancia de las pequeñas acciones en la construcción de un bienestar colectivo.


