
Equipos de rescate trabajan entre escombros y humo tras los bombardeos en el sur del Líbano (Foto: Instagram)
Israel ha anunciado el inicio de una nueva fase de ofensiva terrestre en el Líbano, con el objetivo explícito de debilitar a Hezbollah, grupo armado libanés aliado de Irã. Según fuentes oficiales, esta fase sigue a una intensificación de los combates en la frontera septentrional del Líbano, donde los enfrentamientos entre las Fuerzas de Defensa de Israel y milicianos de Hezbollah se han venido sucediendo desde hace semanas. El anuncio detalla que las unidades terrestres israelíes avanzarán en sectores clave para interrumpir las rutas de suministro y socavar la capacidad operativa del Hezbollah. La operación también contempla maniobras aeroterrestres y el despliegue de artillería pesada para apoyar el avance sobre el terreno.
Este avance se enmarca en el prolongado conflicto entre Israel y Hezbollah que se remonta a varias décadas, con picos de violencia notables en el año 2006 y en episodios posteriores de escaramuzas transfronterizas. Hezbollah, organización con representación política en el parlamento libanés y brazo armado que cuenta con respaldo financiero y logístico de Irã, ha desarrollado una estrategia de defensa basada en la construcción de túneles subterráneos y el uso de misiles de corto y medio alcance. Por su parte, Israel ha perfeccionado tácticas de guerra electrónica, reconocimiento aéreo y ataque de precisión con la finalidad de reducir las bajas civiles y desactivar capacidades militares enemigas. Esta combinación de medios busca que la operación terrestre sea más eficiente y permita un despliegue controlado.
La nueva fase terrestre prevé el establecimiento de posiciones defensivas avanzadas y la creación de “zonas seguras” en áreas fronterizas bajo control israelí. Fuentes militares señalaban que se han levantado puestos de mando móviles dotados de sistemas de vigilancia avanzada para supervisar los movimientos de Hezbollah en tiempo real. Asimismo, se han comenzado patrullas conjuntas con vehículos blindados y fuerzas de infantería mecanizada, respaldadas por bombardeos selectivos de artillería y ataques de la aviación. El objetivo estratégico es cortar las líneas de abastecimiento que llegan desde el territorio libanés al corazón de la infraestructura militar de Hezbollah, dificultando el suministro de armas y recursos esenciales.
El contexto humanitario en el sur del Líbano se agrava a medida que crece el número de civiles desplazados que buscan refugio en localidades más al norte o en zonas rurales menos expuestas al conflicto. Organizaciones internacionales han advertido sobre el riesgo de una crisis humanitaria mayor si la ofensiva terrestre se expande. A su vez, países vecinos y potencias regionales han hecho llamamientos al cese de hostilidades y a la reactivación de mecanismos de mediación, aunque hasta el momento no se ha concretado ninguna propuesta de alto el fuego. El respaldo de Irã a Hezbollah añade un componente internacional significativo que podría escalar el conflicto más allá de las fronteras libanesas.
Históricamente, los enfrentamientos entre Israel y Hezbollah han tenido efectos duraderos en la política interna del Líbano y en la estabilidad regional. Tras el cese de hostilidades de 2006, se implementó la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que estableció la presencia de la Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FPNUL) para supervisar la zona. Sin embargo, las tensiones no desaparecieron y los incidentes fronterizos se han mantenido esporádicamente. La nueva fase de la ofensiva terrestre pretende, según Tel Aviv, disuadir futuras agresiones y debilitar la estructura militar de Hezbollah, aunque los retos logísticos, políticos y humanitarios plantean un escenario complejo que marcará la evolución del conflicto en los próximos meses.


