Pai Lin, una elefanta de 71 años, desarrolló deformaciones permanentes en la columna tras pasar 25 años transportando turistas en actividades de trekking en Tailandia. Este caso fue dado a conocer por la Wildlife Friends Foundation Thailand (WFFT), que publicó imágenes que evidencian las condiciones físicas del animal después de décadas de explotación en el sector turístico.
Según la fundación, Pai Lin era obligada a transportar hasta seis turistas por cada recorrido. Las fotografías difundidas muestran su cuerpo hundido, consecuencia del exceso de peso sostenido de forma continua durante largos años. El desgaste progresivo de la columna vertebral ha provocado que muchas de las vértebras queden desplazadas o mal alineadas, generando dolores crónicos e impedimentos de movilidad.
«Divulgamos estas fotografías de nuestra maravillosa Pai Lin y de sus compañeros para ayudar a comprender cómo estos gigantes gentiles pueden sufrir en la industria del turismo», afirmó la organización al presentar las imágenes del animal. Con este gesto, la WFFT busca concienciar al público sobre las repercusiones físicas y emocionales que sufren los elefantes sometidos a sobrecarga diaria.
La WFFT señala que los elefantes empleados en paseos turísticos suelen llevar carga durante la mayor parte del día, una práctica que puede ocasionar lesiones irreversibles en sus huesos y articulaciones. La columna vertebral de estos mamíferos está formada por numerosas vértebras adaptadas para soportar su propio peso, pero no para cargas adicionales constantes de varias decenas de kilos. A largo plazo, esta sobrecarga provoca desgaste prematuro, deformaciones y alteraciones en la mecánica del cuerpo.
Históricamente, en varios países de Asia los elefantes han sido utilizados en labores de transporte de mercancías y personas. Sin embargo, numerosas organizaciones de protección animal han denunciado la explotación turística, advirtiendo que el peso excesivo, las monturas rígidas y las posturas forzadas desembocan en problemas musculoesqueléticos similares a la artrosis en humanos y en afecciones crónicas que reducen drásticamente la calidad de vida de los animales.
Para paliar estas prácticas, surgieron santuarios de elefantes como el primero sin cadenas fundado por la WFFT en 2007 en la región oeste de Tailandia. Estos centros proporcionan entornos más naturales donde los animales pueden moverse libremente, bañarse en ríos y socializar con sus congéneres. Además, desarrollan programas de rehabilitación y monitorización veterinaria, aplicando protocolos de bienestar avalados por expertos en fauna salvaje.
El rescate de Pai Lin se llevó a cabo en 2007, gracias a la intervención coordinada de veterinarios y voluntarios de la WFFT. Actualmente, vive en un recinto de más de 20 hectáreas donde recibe atención diaria, una dieta equilibrada y cuidados sanitarios que han contribuido a aliviar, en parte, el dolor asociado a las deformaciones de su columna vertebral.
Las autoridades tailandesas han intensificado en los últimos años los controles sobre las actividades turísticas con animales, estableciendo límites de peso por carga y períodos mínimos de descanso. No obstante, la eficacia de estas medidas depende de la colaboración entre agencias gubernamentales y organizaciones no gubernamentales. En este sentido, la WFFT participa también en la formación de guías y promotores de turismo responsable.
El caso de Pai Lin ha servido para sensibilizar a muchos visitantes sobre el impacto de sus decisiones al elegir actividades de ocio. Expertos en biología animal recomiendan optar por experiencias de avistamiento sin contacto directo, visitas a reservas de conservación y proyectos comunitarios que promuevan un turismo sostenible y respetuoso con la fauna local.


