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¿Por qué surgen pelos largos y aislados en el cuerpo de repente?

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El hilo solitario: ese vello que surge de la nada (Foto: Instagram)

Casi todos hemos experimentado esa pequeña sorpresa: de repente, al mirar el brazo, el hombro, el cuello o la barbilla, nos encontramos con un vello largo y aislado que parece haber brotado de la nada. No encaja con el resto de vellos de la zona, crece por su cuenta y da la impresión de haber surgido de la noche a la mañana.

Sin embargo, ese “vello misterioso” no aparece de forma instantánea. Lo más probable es que lleve ya un tiempo creciendo de manera silenciosa hasta alcanzar una longitud suficientemente llamativa como para notarlo. Los pelos del cuerpo siguen ciclos naturales: una fase de crecimiento activa (anágena), una fase de pausa o transición (catágena) y una fase de caída o reposo (telógena). En las zonas donde el ciclo anágeno es corto, los vellos se mantienen breves; en otras áreas, el anágeno puede prolongarse, lo que permite que un folículo produzca un vello más largo que los que le rodean.

Cada vello nace de un folículo, una pequeña estructura en la piel encargada de su generación. Aunque estén situados en la misma región, los folículos no funcionan de forma idéntica: unos pueden ser más activos, otros reaccionar de forma distinta a las hormonas y algunos mantener la fase de crecimiento durante más tiempo. Por eso, un único vello puede alargarse más en zonas como el brazo, la espalda, el pecho, el cuello o el rostro. De entrada, esta variación no indica ningún problema: es simplemente una manifestación de la diversidad biológica de nuestro organismo.

Genética y hormonas también juegan un papel fundamental. Cada uno poseemos un número determinado de folículos pilosos (en la cabeza, por ejemplo, se estima que rondan los 100 000), cuya actividad y sensibilidad dependen de factores hereditarios. Cambios hormonales —como los que se producen durante la pubertad, el embarazo, el envejecimiento o desequilibrios endocrinos— pueden alterar la respuesta de ciertos folículos, haciendo que se vuelvan más activos o que produzcan vellos más gruesos y oscuros. En mujeres, por ejemplo, no es inhabitual observar vellos más notorios en la cara, el mentón o el cuello tras variaciones hormonales.

La velocidad media de crecimiento del vello corporal oscila entre 0,3 y 0,4 milímetros diarios, aunque este ritmo puede variar de una persona a otra y según la zona. El ciclo anágeno del vello de la cabeza puede durar varios años (por eso el cabello puede alcanzar gran longitud), mientras que el de brazos o piernas apenas dura unos meses, limitando así el largo máximo del vello corporal en esas áreas.

Existe un mito muy extendido que afirma que cortar o arrancar un vello lo hace crecer más grueso y oscuro. La realidad es que la acción de rasurar o depilar no modifica la “programación” del folículo. Cortarlo simplemente le da un extremo más grueso al vello recién aparecido, y arrancarlo hace que tarde un tiempo en reaparecer, pero en ningún caso altera su grosor o color originales.

No obstante, conviene prestar atención si el crecimiento de vello cambia de forma súbita, aparece en gran cantidad o viene acompañado de otros síntomas como acné severo, alteraciones del ciclo menstrual, caída de cabello o variaciones de peso inexplicables. En estos casos, puede resultar aconsejable consultar a un dermatólogo o a un endocrinólogo para descartar trastornos hormonales o metabólicos.

En definitiva, ese vello largo y solitario suele ser tan solo un capricho biológico: un folículo que lleva más tiempo en fase de crecimiento que sus vecinos y decide manifestarse sin previo aviso. Si molesta, puede recortarse con unas tijeras pequeñas o extraerse con pinzas, siempre con suavidad y sin miedo al efecto rebote.

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