La profesora estadounidense Lexi McClelland tenía 24 años cuando conoció a Mary, entonces de 8 años, en una de sus clases. Desde el primer día, la niña destacó por su afán lector y por la participación activa en todas las actividades escolares. Aquella curiosidad innata por los libros y su capacidad para compartir sus impresiones en clase llamaron la atención de Lexi, que enseguida quiso saber más de su alumna.
Poco a poco, la docente fue conociendo la realidad de Mary: la pequeña vivía en un centro de acogida municipal y, hasta la fecha, había pasado por varias familias de acogida sin que ninguno de esos hogares llegara a materializar una adopción definitiva. A diferencia de muchos niños en situaciones similares, Mary nunca perdió el interés por los estudios ni la sonrisa, pese a las incertidumbres de su entorno.
En Estados Unidos, más de 400.000 menores se encuentran en el sistema de protección infantil, atendidos por agencias estatales y locales. Muchos de ellos viven en hogares de acogida temporales hasta que se resuelve su situación legal o son adoptados. El proceso de adopción suele implicar una evaluación exhaustiva de los posibles padres adoptivos (un “home study”), formación obligatoria, comprobaciones de antecedentes penales y entrevistas con trabajadores sociales. Toda esta tramitación puede prolongarse varios meses o, en ocasiones, años.
Aunque en un momento se planteó que otra familia iniciara los mismos trámites, al final aquel proceso no llegó a completarse. Durante ese periodo de espera, la relación entre Lexi y Mary se estrechó: compartían lecturas, acudían juntas a la biblioteca del colegio y, fuera del horario lectivo, mantenían conversaciones sobre libros de aventuras y cuentos clásicos. Lexi comprobó que Mary no solo aprendía con rapidez, sino que además poseía una gran madurez emocional para su edad.
Con la total complicidad de su marido, Lexi decidió entonces dar el paso: reunir toda la documentación necesaria, acudir a los talleres formativos sobre adopción y contratar a un abogado especializado en derecho de familia. Gracias a la orientación proporcionada por la agencia de adopción y al apoyo de la comunidad educativa, el proceso avanzó con relativa fluidez. Una vez superadas las inspecciones del hogar y los informes sociales, se fijó una fecha para que Mary comenzara a residir con ellos de manera provisional.
Semanas después, Mary dejó atrás la inestabilidad de los hogares de acogida para instalarse definitivamente en la residencia de Lexi y su marido. Los primeros días estuvieron dedicados a facilitar su adaptación: adecuar una habitación propia, escolarizarla en el mismo colegio y ofrecerle apoyo psicológico con especialistas en trauma infantil. En ese tiempo, el entorno familiar también se preparó para la llegada de la niña, incorporando nuevos hábitos y tradiciones que la hicieran sentir segura y querida.
Meses después, el tribunal de familia dictó la resolución de adopción definitiva y Mary dejó de ser tutelada por la agencia estatal para convertirse en hija legal de la pareja. Actualmente, con 12 años cumplidos, la niña continúa cultivando su pasión por la lectura y demuestra un progreso académico constante. Además, la familia se ha ampliado con la llegada de un hermano pequeño, que contribuye a un ambiente de convivencia cálido y estable.
Este caso pone de relieve la importancia que puede tener el papel de los docentes más allá de la impartición de conocimientos: la figura de un profesor o profesora en la vida de un menor en situación de vulnerabilidad puede ser determinante. Asimismo, muestra cómo el sistema de protección infantil en Estados Unidos permite que, bajo determinadas condiciones y tras un riguroso proceso legal, los profesionales y familiares puedan convertirse en tutores permanentes de aquellos niños que no han encontrado un hogar definitivo.


