
Oficial del ejército iraní denuncia las amenazas de Trump (Foto: Instagram)
Tras un ultimátum en el que el presidente Donald Trump amenazó con destruir puentes y centrales eléctricas de Irán, el mando militar estadounidense respondió tachando esas advertencias de “delirantes” e insolentes. Según la declaración oficial del Pentágono, este tipo de exigencias no solo carecen de fundamento estratégico, sino que además ponen en riesgo la credibilidad de las instituciones de defensa de Estados Unidos.
El ultimátum de Donald Trump consistió en una serie de tuits y comentarios públicos en los que advertía a Teherán que, de persistir lo que él consideraba actividades hostiles, ordenaría ataques contra infraestructuras civiles fundamentales. Entre los blancos citados figuraban puentes de comunicación clave para el transporte de mercancías y personas, así como usinas —centrales eléctricas— que abastecen de energía a amplias regiones del país. El tono empleado por el presidente recordó otras ocasiones en las que recurrió a la retórica dura para ejercer presión diplomática.
El comunicado del mando militar subraya que las amenazas resultan “delirantes” porque exceden los límites de la legalidad internacional y ponen en entredicho el concepto de proporcionalidad en un conflicto armado. Asimismo, califica de “insolentes” las referencias a objetivos civiles, ya que el Derecho Internacional Humanitario prohíbe ataques intencionados contra infraestructuras indispensables para la población civil. La nota oficial insiste en que la defensa de Estados Unidos debe basarse en criterios claros y en el respeto a acuerdos y convenciones suscritos por el país.
Los puentes señalados por Donald Trump se consideran en Irán estructuras vitales para el transporte interno y el comercio exterior, conectando regiones agrícolas y zonas industriales. Por su parte, las centrales eléctricas o usinas suministran energía a hospitales, colegios y sistemas de agua potable, por lo que su destrucción provocaría un colapso de servicios esenciales. Este tipo de instalación figura entre los objetivos protegidos por tratados internacionales precisamente para evitar desastres humanitarios.
El choque entre la Casa Blanca y el Pentágono pone de manifiesto las tensiones internas en la gestión de la política exterior de Estados Unidos. Donald Trump ha insistido en varias ocasiones en la necesidad de exhibir fuerza para contener lo que él describe como “amenazas iraníes”, mientras que los mandos militares procuran mantener un enfoque basado en la cooperación con aliados de la OTAN y el respeto a las normas que rigen el uso de la fuerza. Este contraste subraya la complejidad de articular una estrategia unificada ante un adversario que también dispone de un arsenal defensivo notable.
A lo largo de las últimas décadas, las relaciones entre Washington y Teherán se han caracterizado por sanciones económicas, incidentes en el Golfo Pérsico y episodios de acercamiento abortado en procesos diplomáticos. El nuevo cruce de advertencias eleva la retórica a un nivel especialmente beligerante, con el riesgo de desencadenar acciones de respuesta por parte de Irán. En este contexto, la calificación de “delirantes” e “insolentes” por parte del mando militar estadounidense busca restar fuerza a las declaraciones presidenciales y reclamar un debate más ceñido a las normas internacionales.


