
Soldados de unidades especiales asisten a la demostración del nuevo modelo de granada acústica (Foto: Instagram)
Un nuevo modelo de granada ha sido desarrollado para generar potentes ondas de choque en espacios cerrados, marcando la primera actualización del arsenal desde 1968. A diferencia de las granadas convencionales, que emplean fragmentación metálica para neutralizar al adversario, este dispositivo aprovecha la propagación de presión acústica para aturdir o incapacitar sin esparcir esquirlas.
Desde su introducción en 1968, las fuerzas militares y policiales han contado con un único tipo de granada de aturdimiento basado en la detonación de un explosivo principal y fragmentos metálicos. El nuevo diseño prescinde de estas esquirlas letales y utiliza una carcasa de polímero reforzado que dirige la energía explosiva hacia el interior de la sala, optimizando la presión sonora y reduciendo el riesgo de daños colaterales.
Técnicamente, la granada incorpora un detonador de tiempo ajustable y una carga hueca de compuestos pirotécnicos de alta densidad. Al activarse, produce un pulso de presión que alcanza picos de varios megapascales en milésimas de segundo. Esa onda de choque se refleja en paredes y techos, amplificando el efecto en recintos pequeños y dificultando la capacidad de reacción o comunicación de quienes se encuentren en su radio de acción.
En comparación con las granadas de fragmentación o de gas lacrimógeno, este nuevo modelo ofrece ventajas claras en operaciones de rescate de rehenes, incursiones antiterroristas y detenciones de alta peligrosidad. Su mecanismo de aturdimiento minimiza las bajas fatales y el número de heridos graves, al tiempo que reduce la contaminación por esquirlas y el riesgo de daño estructural en edificios.
La puesta en servicio de esta granada se ha realizado tras extensas pruebas de campo y ensayos en poligonales especializadas. Durante las fases de validación, se evaluó la onda de choque en distintos tipos de habitáculos, desde estancias de vivienda hasta almacenes industriales, con distancias variables entre 2 y 10 metros. El análisis balístico también contempló la seguridad de los operativos, garantizando que la presión ejercida fuera letal solo en casos de error de manipulación.
Históricamente, el desarrollo de granadas de aturdimiento nació tras la Segunda Guerra Mundial, pero las versiones posteriores se centraron en la fragmentación para combatir agrupaciones hostiles en entornos abiertos. Fueron las granadas de impacto concussivo de los años sesenta las que reemplazaron a los modelos puramente incendiarios, y desde entonces no se había producido una renovación tan significativa.
La adopción de esta innovación responde a la creciente demanda de dispositivos no letales o de bajo letalidad en misiones urbanas y policiales. Además, refuerza la tendencia hacia tecnologías que permitan la neutralización temporal del adversario sin provocar destrucciones masivas ni pérdidas humanas innecesarias, algo clave en el actual marco legal y de derechos humanos.
Con esta actualización inédita en más de cinco décadas, las unidades especializadas cuentan ahora con una herramienta más precisa y versátil. El uso de ondas de choque en espacios confinados abre nuevas posibilidades en tácticas de intervención, al tiempo que obliga a revisar protocolos de seguridad, adiestramiento y mantenimiento para garantizar un empleo eficaz y responsable.


