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Mujer de 70 años crea villa que acepta solo mujeres con tasa de criminalidad cero

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Robyn Yerian, una ciudadana estadounidense de 70 años, ha materializado un proyecto pionero en el interior de Texas: The Bird’s Nest. Utilizando sus economías de jubilación, Yerian adquirió un terreno que ronda las cinco acres para levantar una pequeña comunidad exclusiva para mujeres, en la que se respira un ambiente de colaboración y seguridad.

La iniciativa se puso en marcha en 2022, cuando Robyn comenzó a planificar sus años de retiro y advirtió que sus recursos podrían no ser suficientes para afrontar la compra de una vivienda convencional. Decidida a encontrar una solución creativa, destinó alrededor de 35.000 dólares (unos 32.200 €) a la compra del terreno. A este desembolso inicial añadió una inversión adicional de aproximadamente 100.000 dólares (cerca de 92.000 €) para dotar de instalaciones básicas y construir las viviendas.

En su origen, el proyecto estaba pensado para personas mayores de 55 años sin distinción de sexo, pero tras varias reuniones con amigas de distintas edades, Robyn optó por convertirlo en un refugio exclusivamente femenino. “Esta comunidad es nuestra pequeña utopía. Tenemos perros correteando por todas partes y pasamos el día juntas. Somos un grupo de grandes amigas”, remarca la fundadora.

Las normas internas se orientan a garantizar una convivencia armoniosa y respetuosa: queda estrictamente prohibida la presencia de hombres, y cualquier conflicto debe ser abordado de forma directa y sincera. “No tolero el drama, la mezquindad ni las habladurías a nuestras espaldas. Si surge un problema, hablamos de ello al momento”, afirma Yerian.

La comunidad está formada por una docena de mujeres, la mayoría con edades situadas entre los 60 y los 80 años. Cada una habita en una pequeña casa de estilo “tiny house”, espacios compactos que oscilan entre 20 y 30 metros cuadrados y que incluyen salón, cocina y dormitorio. Además de compartir el terreno, las residentes organizan de manera colectiva actividades como clases de yoga, comidas en grupo, talleres de manualidades y apoyo mutuo en las tareas diarias.

El coste para vivir en The Bird’s Nest es de unos 450 dólares al mes (alrededor de 415 €), una tarifa que cubre servicios básicos como agua, electricidad, mantenimiento de zonas comunes y acceso a actividades grupales. Según Yerian, el objetivo principal es ofrecer una alternativa de vivienda asequible orientada al bienestar y a la compañía entre las inquilinas.

Este tipo de iniciativas se enmarcan dentro del llamado “movimiento tiny house”, que ganó popularidad en Estados Unidos a partir de la década de 2000 como respuesta a la crisis de la vivienda y al interés por reducir el impacto ecológico y los costes de mantenimiento. Las viviendas mínimas promueven un estilo de vida más sostenible, con menor consumo energético y un uso óptimo del espacio.

Por otro lado, el modelo de cohousing o vivienda cooperativa —muy extendido en Europa, especialmente en países como Dinamarca, Alemania y Países Bajos— ofrece lecciones valiosas para proyectos dirigidos a personas mayores. En estos esquemas, los residentes poseen su propia unidad habitacional pero comparten áreas comunes y se organizan para gestionar servicios, actividades y cuidados mutuos, fomentando así redes de apoyo y reduciendo el aislamiento social.

The Bird’s Nest ejemplifica cómo la combinación de la cultura tiny house y el cohousing puede beneficiar a la población de la tercera edad, que en muchos países afronta retos como el incremento de los precios de la vivienda, la soledad y la necesidad de cuidados asistidos. Proyectos de este tipo demuestran que, con voluntad y planificación, es posible crear entornos seguros y solidarios en los que las personas mayores disfruten de autonomía y compañía.

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