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Karoline Lima habla sobre una relación yo-yo; una psicóloga explica cuándo es hora de terminar

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La influencer Karoline Lima anunció este viernes, 6 de noviembre, el fin de su compromiso con el futbolista Léo Pereira, defensa del Flamengo. En varios vídeos publicados en las historias de Instagram, contó a sus seguidores que había puesto fin a la relación y explicó que la decisión había sido suya. Según dijo, las rupturas frecuentes le hacían sentir vergüenza de exponer públicamente la situación de la pareja y ese ciclo de separaciones y reconciliaciones resultaba desgastante.

Karoline afirmó que tomó la iniciativa de terminar, aunque creía que ambos estaban cerca de poner fin a la relación. Decidió marcharse de casa y cerrar esa etapa porque las cosas no estaban funcionando y sus expectativas no se cumplían: quería más de lo que recibía. No detalló cuáles eran esas expectativas ni presentó la decisión como consecuencia de un único episodio.

La influencer descartó los rumores de infidelidad o de peleas y señaló que había tenido paciencia e intentado hablar para resolver los desacuerdos de la pareja. Según explicó, cuando conversar no es suficiente y la otra persona no responde a las expectativas, puede llegar el momento de retirarse de la relación.

La psicóloga clínica Ana Paula Grive explica que, por lo general, la decisión de terminar no nace de un solo hecho. A menudo es el resultado de pequeñas frustraciones que no se han hablado o que no han encontrado una solución. La acumulación puede hacer que el malestar se prolongue, aunque cada problema, considerado por separado, parezca menor.

Las insatisfacciones pueden ser pasajeras y estar relacionadas con el estrés, una etapa difícil, cambios en la rutina o una pérdida. También pueden tener un carácter más estructural y estar vinculadas a la dinámica de la pareja, por ejemplo, cuando ciertas necesidades llevan mucho tiempo sin ser atendidas o las conversaciones no conducen a cambios. Diferenciar entre una dificultad temporal y un patrón persistente puede ayudar a comprender de dónde procede el desgaste.

Antes de tomar una decisión, señala Grive, conviene valorar si el malestar viene de la relación o de una etapa vital complicada, como un periodo de estrés intenso, un duelo, un cambio de trabajo o una depresión. Estos factores pueden influir en cómo se percibe la situación. La psicóloga subraya, no obstante, que si hay miedo, control, humillaciones o amenazas, la prioridad debe ser la seguridad; analizar la relación puede quedar para más adelante.

Según la especialista, reconocer que una persona no es feliz en una relación suele ser la parte más sencilla. Lo más difícil puede ser dejar de esperar que la pareja sea la fuente de esa felicidad y considerar todo lo que se ha invertido en la vida compartida: los años juntos, los planes, las amistades en común y la imagen de un futuro compartido.

En ese contexto, la persona puede empezar a guiarse por lo que espera o desea el otro, en lugar de atender a lo que siente, a aquello que le hace feliz y a lo que quiere para su propia vida, como perseguir sus propios sueños. El apego ayuda a explicar por qué la decisión puede causar sufrimiento incluso antes de llevarse a la práctica.

En las relaciones marcadas por idas y venidas, como la de Léo Pereira y Karoline Lima, la repetición de rupturas y reconciliaciones suele ser una señal de desgaste. Para entender el ciclo, indica la psicóloga, es importante observar qué lo mantiene y qué sucede después de cada regreso.

En muchos casos, la reconciliación produce un alivio intenso. Grive lo describe como un refuerzo intermitente: la persona sufre durante el distanciamiento, siente alivio al volver y puede interpretar esa sensación como una señal de que la relación merece la pena. Así, el ciclo puede repetirse por el contraste emocional entre la separación y el reencuentro, y no necesariamente porque se haya producido un cambio concreto.

Para distinguir si una relación puede reconstruirse, es necesario observar qué cambia de un ciclo a otro. Según la psicóloga, suele haber posibilidades de reconstrucción cuando el problema está claramente identificado, ambas partes asumen responsabilidades sin reservas, se observan cambios de comportamiento durante varias semanas y es posible mantener conversaciones difíciles sin que la situación empeore.

En cambio, cuando insistir prolonga el sufrimiento, las mismas discusiones tienden a repetirse y las promesas no se convierten en acciones. También puede ocurrir que las rupturas se sucedan sin analizar sus causas o que una de las partes acabe reduciendo sus propias necesidades para encajar en la relación. Observar esos patrones, en vez de atender solo al alivio inmediato de una reconciliación, permite valorar con mayor claridad si existe un cambio real.

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