Suiza es uno de los países europeos más reconocidos por su alta calidad de vida, su seguridad ciudadana y su desarrollo económico. Con una renta per cápita entre las más elevadas del mundo y un sistema de bienestar que incluye atención sanitaria y educación de primer nivel, suele considerarse un lugar estable donde los delitos violentos son poco frecuentes. Sin embargo, un caso especialmente atroz ha quebrantado esta reputación: el asesinato de Kristina Joksimovic, exfinalista del certamen Miss Suiza, a manos de su esposo Thomas, un drama que ha conmocionado al país y ha atraído atención internacional.
Kristina, de 38 años, fue estrangulada en febrero de 2024 en la vivienda familiar ubicada en la región de Basilea. Apenas un día después de su muerte, la policía encontró restos de su cuerpo desmembrado y, según las investigaciones, parte de los restos mortales había sido triturada en un electrodoméstico —un hecho que subraya la extrema violencia del suceso—. El móvil señalado por la investigación inicial apunta a una crisis matrimonial prolongada, agravada por el proceso de divorcio y por tensiones relacionadas con la custodia de los dos hijos que la pareja tenía en común.
De acuerdo con fuentes citadas por el diario británico Daily Mail, la ruptura llevaba meses desarrollándose en un ambiente de fuertes disputas. La posible pérdida de la convivencia con sus hijos incrementó la tensión entre Kristina y Thomas. Los investigadores relataron que el agresor utilizó herramientas como una sierra y tijeras de jardinería para desmembrar el cuerpo de su esposa tras estrangularla. Posteriormente, admitió haber triturado parte de los restos en una licuadora, acción que él mismo describió como producto de un estado de pánico.
Thomas, de 41 años, confesó ante las autoridades haber matado a Kristina, pero alegó legítima defensa. No obstante, los tribunales suizos rechazaron esta versión. El Tribunal Federal de Lausana denegó una solicitud de excarcelación presentada por la defensa, argumentando el grado de crueldad del delito y la peligrosidad del acusado. Finalmente, el exmarido de Kristina fue sentenciado a cadena perpetua en un juicio en el que los jueces destacaron el “nivel notoriamente alto de energía criminal” demostrado durante el crimen.
El proceso judicial ha puesto además de relieve aspectos del sistema penal suizo. En Suiza, la prisión permanente existe desde 2007 y suele reservarse para homicidios especialmente graves o reincidencias violentas. A la vez, las autoridades aplican protocolos de evaluación psicológica tanto al instante de la detención como a lo largo del proceso para determinar el estado mental del acusado y prevenir riesgos.
El caso de Kristina Joksimovic también ha reavivado el debate sobre la violencia de género y la protección de las víctimas en territorio helvético. Según datos del Observatorio Suizo de la Violencia Doméstica, cada año se registran decenas de homicidios en el ámbito familiar, lo que ha motivado la implementación de medidas de prevención, asistencia y formación a profesionales de la justicia y de los servicios sociales.
Meses antes de la tragedia, Kristina había compartido en sus redes sociales una fotografía junto a sus dos hijas y Thomas, mostrando una imagen de familia aparentemente feliz. Aquella imagen, difundida en otoño de 2023, cobró un nuevo significado tras conocerse los pormenores del crimen. La exmodelo participó en varias ediciones del certamen Miss Suiza, concurso fundado en 1951 que ha impulsado la carrera de jóvenes suizas en el mundo de la moda y el entretenimiento.
Hasta ahora, la historia continúa suscitando atención por la brutalidad del asesinato y por las circunstancias que lo rodearon. Mientras avanza la fase de apelación y los peritajes forenses complementarios, la sociedad suiza permanece en vilo ante un caso que desafía la sensación de seguridad que se asocia habitualmente con este país alpino.


