Samara Felippo, de 47 años, volvió a hablar públicamente sobre su relación con la maternidad y reafirmó una declaración que ya había hecho en 2023, cuando aseguró que no le gustaba “la función de ser madre”. La actriz brasileña es madre de dos hijas, Alicia, de 17 años, y Lara, de 13, fruto de su matrimonio con el exjugador de baloncesto Leandrinho Barbosa.
En una reciente participación en el programa Em Off, Samara explicó que mantiene el mismo punto de vista que expresó en el podcast Téte a Theo en 2023. En aquella ocasión, la actriz diferenció con claridad las dificultades asociadas al ejercicio de la maternidad del afecto y el vínculo que comparte con sus hijas. Al retomar el tema, insistió en que no se arrepiente de sus palabras ni de su experiencia, sino que considera importante visibilizar lo complejo que resulta cumplir con esa “función” sin invalidar el amor materno.
“No me gusta la función de ser madre, no me gusta madrugar. No disfruté del embarazo, mi piel se llenó de manchas. No quise pausar mi carrera, pero eso no invalida mi maternidad”, afirmó con sinceridad en el podcast y ratificó en Em Off. Con estas declaraciones, Samara reivindica el derecho de las mujeres a expresar frustraciones reales, sin que ello sea interpretado como falta de cariño o de responsabilidad.
Durante la entrevista, la actriz también relató que la gestación de su hija menor, Lara, se produjo mientras utilizaba un DIU —dispositivo intrauterino—, un método anticonceptivo de alta eficacia que impide la fecundación o la implantación del óvulo. En general, los DIU tienen una tasa de eficacia superior al 99 % y pueden permanecer en el útero entre tres y diez años, dependiendo del modelo. Funcionan principalmente de dos formas: liberando pequeñas dosis de hormonas o mediante un armazón de cobre, lo que crea un ambiente hostil para los espermatozoides. A pesar de su seguridad, ninguna técnica es infalible, por lo que en casos muy excepcionales puede producirse un embarazo.
El dispositivo intrauterino se introdujo con carácter médico a mediados del siglo XX y, desde entonces, ha evolucionado en diseño y materiales. Gracias a su efectividad y durabilidad, es uno de los métodos reversibles más utilizados en todo el mundo, junto con las píldoras anticonceptivas y los implantes hormonales. Su inserción debe realizarla un profesional sanitario y requiere un control periódico para verificar la posición y descartar complicaciones menores, como cambios en el flujo menstrual o leves dolores abdominales.
El testimonio de Samara Felippo recoge otro aspecto relevante: la tensión entre la realización profesional y las responsabilidades familiares. En muchos entornos sociales se asume que la maternidad debe ser un camino de satisfacción plena, pero para numerosas mujeres existen días de agotamiento, de renuncia a aspiraciones laborales o de conflictos de identidad. Al compartir su vivencia, la actriz contribuye a normalizar la diversidad de emociones vinculadas a la crianza y a desmontar mitos sobre la “maternidad ideal”.
Hoy, Alicia y Lara son dos adolescentes que crecen en un entorno mediático cuidado por su madre. La mayor, a sus 17 años, cursa el último año del instituto, mientras que Lara, con sus 13, inicia la etapa de la educación secundaria. Ambas han sido protagonistas ocasionales de las redes sociales de Samara, donde la actriz muestra momentos familiares, pero también reflexiona sobre su carrera, la salud mental y el equilibrio entre vida pública y privada.
Con esta reafirmación, Samara Felippo insiste en que sus palabras no buscan generar polémica gratuita, sino visibilizar la complejidad de la maternidad real. Al distinguir entre la “función” y el vínculo afectivo, la actriz deja claro que es posible amar a los hijos sin dejar de reconocer las dificultades que conlleva ser madre en un entorno exigente.


