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Especialistas discuten impacto del formato de lectura en el cerebro

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Con la creciente digitalización de la vida cotidiana, la lectura en pantallas se ha convertido en una parte significativa del día a día de niños y adultos. Libros, manuales e incluso documentos importantes han sido sustituidos por teléfonos móviles, tablets y ordenadores. Pero, ¿procesa el cerebro la información de la misma manera cuando se lee en papel que en dispositivos electrónicos?

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Expertos consultados por Metrópoles afirman que las áreas del cerebro responsables del lenguaje se activan de forma muy similar en ambos formatos. Sin embargo, la interacción con cada soporte puede influir en la atención, la comprensión y la retención de información, sobre todo en lecturas extensas o con un grado de complejidad elevado.

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PAPEL FAVORECE UNA LECTURA MÁS PROFUNDA
La neuropsicóloga Juliana Gebrim, con consulta en Brasilia, explica que el papel ofrece una experiencia de lectura más continua y con menos interrupciones, además de aportar pistas sensoriales —como la textura de la hoja y el grosor del libro— que ayudan al cerebro a organizar la información de manera más eficaz.

“Siempre que el objetivo sea estudiar, memorizar, reflexionar o entender contenidos complejos, el papel tiende a proporcionar una experiencia más favorable. El secreto no está tanto en el soporte, sino en cómo entrenamos al cerebro para mantener la concentración”, afirma Gebrim. Según la especialista, los materiales impresos favorecen la memoria espacial, permitiendo asociar conceptos con la posición de una página o sección, lo que facilita la recuperación posterior de datos.

Este beneficio está relacionado con procesos de memoria declarativa y espacial. Estudios en neurociencia cognitiva muestran que el hipocampo y las regiones parietales se involucran al recordar dónde apareció cierta información en un libro físico, un mecanismo que se reduce cuando se recurre continuamente al desplazamiento vertical (scroll) en pantallas.

PANTALLAS EXIGEN ATENCIÓN PARA EVITAR DISTRACCIONES
Para la neuropsicopedagoga Silvia Kelly Bosi, con sede en Río de Janeiro, el verdadero reto de la lectura digital no reside en la pantalla en sí, sino en el entorno cargado de estímulos que suele acompañarla.

“Independientemente del soporte, el principal factor de aprendizaje es la calidad de la atención. Leer en un entorno con pocas distracciones, desactivar notificaciones, hacer pausas regulares y aplicar estrategias como resúmenes y recuperación activa refuerza la consolidación de la memoria”, explica Bosi.

Ella advierte que notificaciones, enlaces, el cambio constante de aplicaciones y el scroll interminable incrementan la carga cognitiva, un concepto descrito en la teoría de la carga cognitiva de John Sweller, que dificulta la fijación de los contenidos en la memoria de trabajo. No obstante, reconoce que las pantallas son muy útiles para consultas rápidas, búsquedas en bases de datos, acceso a noticias recientes y herramientas de accesibilidad, como el ajuste de tamaño de letra o la lectura en voz alta automatizada.

LO MÁS IMPORTANTE ES ELEGIR EL FORMATO SEGÚN EL OBJETIVO
Según la neuropsicóloga Georgia Firme Lima, del Instituto Ser Humano de Psicología en Brasilia, no existe una competencia real entre papel y tecnología. La clave está en la finalidad de la lectura y en el nivel de concentración que requiera la tarea.

“Más que una rivalidad entre papel y tecnología, necesitamos pensar en la intención. El cerebro se adapta a las herramientas que proporcionamos. Lo fundamental es elegir el formato que mejor favorezca la atención, la comprensión y el aprendizaje en cada caso”, subraya.

Lima añade que los niños pueden ser más susceptibles a las distracciones de los dispositivos digitales, dado que las funciones ejecutivas relacionadas con el control de la atención se desarrollan hasta bien entrada la adolescencia. En cambio, los adultos suelen disponer de mayor autorregulación, aunque también pueden verse afectados por el exceso de estímulos digitales.

En definitiva, tanto la lectura en papel como en pantallas puede resultar eficaz si se realiza con un enfoque consciente, en un entorno adecuado y con estrategias que refuercen la memoria. La evolución de los soportes de lectura, desde los manuscritos y códices medievales hasta la imprenta de Gutenberg y la era digital, demuestra la capacidad de adaptación del cerebro humano a distintas herramientas informativas.

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