El desaparecimiento de Travis Walton, en noviembre de 1975, se convirtió en uno de los casos más debatidos de la ufología. El norteamericano desapareció durante cinco días tras terminar su jornada de trabajo en un bosque del estado de Arizona y, al reaparecer, afirmó que había sido abducido por seres extraterrestres. Décadas después, el episodio continúa generando opiniones encontradas entre quienes defienden la hipótesis de la abducción y quienes la cuestionan.
La tarde del 5 de noviembre de 1975, Travis y otros seis compañeros de labores abandonaban la Selva Nacional de Sitgreaves después de una jornada para el Servicio Forestal de los Estados Unidos. Mientras regresaban en su pick-up por una pista forestal, el grupo divisó una intensa luz verde-azulada en el cielo. Intrigados, se aproximaron para inspeccionar su origen.
Según los testimonios de los trabajadores, frente a ellos flotaba un objeto con forma de disco metálico cercano al suelo. Mientras la mayoría se mantenía a cierta distancia, Walton decidió avanzar y examinó el aparato. En ese instante, un potente rayo luminoso lo alcanzó. Asustados, sus compañeros arrancaron el vehículo y, cuando regresaron unos minutos después, ni Travis ni la supuesta nave estaban visibles.
La desaparición movilizó a policías, equipos de búsqueda y periodistas. Durante cinco días se peinó la zona con helicópteros, perros rastreadores y guardabosques, pero no se halló rastro alguno del leñador. El hermetismo del incidente y la falta de pruebas materiales añadieron misterio al caso.
En la madrugada del quinto día, Travis llamó por teléfono a su hermana solicitando auxilio. El cuñado acudió al lugar indicado y encontró al joven tumbado dentro de una cabina telefónica, desorientado y describiendo con incredulidad seres de piel muy clara y ojos desproporcionados.
Al relatar su experiencia, Walton aseguró que despertó sobre una camilla en un espacio desconocido que, en un primer momento, confundió con un hospital. Pronto advirtió que se trataba del interior de una nave y que tres criaturas, de apariencia semihumana y de rostros inexpresivos, lo observaban.
Travis comentó que logró ponerse en pie y recorrer pasillos intentando hallar una salida. Durante su “huida”, describió el encuentro con un individuo provisto de un casco similar al de un astronauta, que lo condujo a varios compartimentos. En otra estancia divisó a otros tres seres con aspecto humano, dos hombres y una mujer. Su última memoria fue sentir cómo le ajustaban una especie de máscara antes de despertar a orillas de una carretera.
Aunque alcanzó repercusión internacional, el caso nunca se confirmó con pruebas físicas. El secuestro de Walton documentado por las autoridades de la época carece de evidencia fotográfica o de restos del supuesto artefacto, lo que alimenta el escepticismo.
El episodio también fue objeto de críticas. El periodista Philip Klass sostuvo que el grupo habría montado la farsa para justificar demoras en un contrato gubernamental y señaló que Walton reapareció sorprendentemente cerca del lugar donde desapareció.
Otros puntos señalados por los críticos incluyen antecedentes judiciales de Travis y de su hermano, Mike Rogers, vinculados a robos y cheques sin fondos, así como su interés previo por relatos de abducción. Además, la prueba del polígrafo realizada en aquel tiempo arrojó resultados contradictorios: algunos informes apuntaron a una “farsa grotesca” y otros, difundidos por ufólogos, consideraron las respuestas veraces.
A pesar de las décadas, el caso continúa abierto. Walton publicó un extenso libro sobre su experiencia, con más de 400 páginas en las que detalla cada fase del incidente, y los defensores de la ufología lo sitúan como uno de los relatos más emblemáticos de la disciplina.
La ufología, término que designa el estudio de los objetos voladores no identificados, nació como campo de interés público en los años cuarenta y cobró fuerza en la década de los setenta con abundantes reportes de luces extrañas y supuestas abducciones. El caso de Travis Walton se inscribe en ese contexto histórico, en el que la falta de tecnología de comunicación instantánea y de sistemas de localización GPS hacía más compleja la búsqueda de desaparecidos en áreas remotas.
El Servicio Forestal de los Estados Unidos (USFS, por sus siglas en inglés) gestiona extensas superficies de bosques nacionales y emplea brigadas para tareas de prevención y control de incendios. En 1975, las limitaciones logísticas dificultaban el rescate inmediato en zonas apartadas, lo que prolongó la incertidumbre y permitió que la historia adquiriera tintes legendarios.
Las pruebas de polígrafo, muy populares en aquel tiempo, se basan en el registro de respuestas fisiológicas ante preguntas clave. Cristina controversia rodea hoy su fiabilidad: mientras algunos expertos las consideran pseudocientíficas, otros las defienden como auxiliares en investigaciones de credibilidad.
Hasta la fecha no existe consenso definitivo. El caso Walton sigue siendo debatido en foros científicos y encuentros de entusiastas de la ufología, donde se analiza con rigor la ausencia de evidencias físicas y la coherencia de los testimonios. Sin un veredicto claro, la historia de Travis Walton permanece como un enigma que despierta la curiosidad sobre los posibles límites de la experiencia humana.


