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“Nostradamus brasileño” prevé cuándo puede acabar el conflicto con Irán

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El brasileño Athos Salomé, conocido como “Nostradamus vivo”, volvió a cobrar protagonismo al hablar sobre la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel. Para él, la tregua actual no representa el verdadero fin del conflicto, sino simplemente una pausa en una disputa mucho más extensa.

La guerra comenzó a principios de 2026, cuando fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron una serie de ataques contra objetivos militares, infraestructuras de defensa y líderes iraníes. Entre los fallecidos se encontraba el líder supremo de Irán, Ali Khamenei. Esta ofensiva provocó una respuesta iraní que incluyó ataques a aliados de Estados Unidos y acciones que afectaron directamente la navegación en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más cruciales del mundo para el transporte de petróleo y gas.

A pesar de que un alto el fuego está en vigor, la situación continúa tensa. La importancia estratégica del Estrecho de Ormuz radica en que por él circula cerca del 20 % del petróleo marítimo global; cualquier bloqueo o amenaza en la zona puede influir en el precio de la energía, encarecer las tarifas de transporte y provocar repercusiones económicas a escala mundial. En este contexto incierto, Salomé mantiene que el conflicto aún puede dar giros inesperados.

La previsión de Athos Salomé
En una entrevista al The Mirror, Athos Salomé declaró que “aún hay mucho que puede ocurrir contra Irán”. El brasileño, que afirma haber anticipado eventos como la pandemia de COVID-19, la muerte de la reina Isabel II y ataques cibernéticos durante los Juegos Olímpicos de París 2024, considera que el conflicto no se resolverá rápidamente.

Su visión contrasta con las declaraciones de Donald Trump, que sugirió que la guerra podría terminar “muy rápidamente”. Para Salomé, el escenario sería distinto: en lugar de una invasión convencional, la disputa podría derivar en una guerra prolongada, caracterizada por desgaste, presión económica, sabotaje tecnológico y ataques digitales.

Según él, “la respuesta de Teherán y el posible envío de células aliadas en la región indican que el conflicto puede transformarse en una guerra de desgaste sin precedentes”. Athos también mencionó que esta nueva fase estaría “marcada por el desarrollo de tecnologías defensivas avanzadas y ciberataques devastadores”.

Concepto y antecedentes de la guerra de desgaste
El término “guerra de desgaste” —o guerra de atrición— describe un tipo de conflicto en el que ninguna de las partes busca una victoria rápida y decisiva. El objetivo principal pasa a ser desgastar al enemigo a lo largo del tiempo, agotando sus recursos, afectando sus alianzas y creando inestabilidad económica. Esta doctrina, ampliamente discutida desde la Primera Guerra Mundial, se basa en operaciones continuas de baja intensidad: bloqueos, ataques selectivos y acciones encubiertas pueden resultar tan determinantes como grandes ofensivas militares.

Guerra tecnológica y disputa energética
En la valoración de Salomé, Estados Unidos no tendría como fin principal invadir militarmente Irán. Su estrategia, según él, sería debilitar la capacidad iraní de exportar energía —especialmente petróleo con descuento a China—. “El tablero geopolítico de 2026 muestra a Estados Unidos moviéndose contra los tres pilares del suministro energético de China: Irán, el blanco inmediato; Venezuela, la pieza ya capturada; y Rusia, el factor de tregua”, afirmó.

Esta interpretación sitúa el conflicto en una escala mayor que la disputa directa entre Washington, Teherán y Tel Aviv. Para Salomé, Irán sería solo un engranaje dentro de una estrategia global vinculada al abastecimiento energético, la influencia china y el control de rutas marítimas.

Ocupación tecnológica
También utilizó la expresión “ocupación tecnológica” para describir lo que considera la próxima fase de la guerra. En este escenario, drones, sistemas antimísiles, bloqueos digitales, ciberataques a redes de energía, espionaje electrónico e interrupciones logísticas podrían tener tanto peso como tanques, tropas y bombardeos tradicionales.

En los conflictos modernos, los objetivos se amplían más allá del campo de batalla físico. Se busca afectar satélites, cables submarinos, sistemas bancarios, refinerías, redes eléctricas y plataformas de comunicación. Un ataque bien planificado contra infraestructuras digitales puede provocar colas en las estaciones de servicio, retrasos portuarios, caídas de sistemas de pago o bloqueos en cadenas de suministro, sin que se dispare un solo proyectil.

La relevancia del Estrecho de Ormuz
La zona del Estrecho de Ormuz es vital para la economía global. Cada día, cerca de 21 millones de barriles de petróleo atraviesan sus aguas. Cualquier amenaza de bloqueo genera alarma entre inversores, encarece las pólizas de seguro marítimo y eleva los costes logísticos. Incluso si los buques continúan transitando, el riesgo percibido es suficiente para alterar precios y contratos internacionales.

Otras voces y el escepticismo
Athos Salomé no fue el único vidente que opinó sobre el conflicto. El profesor chino Xueqin Jiang aseguró que, en caso de una invasión militar de Estados Unidos, Irán saldría victorioso. Según él, “no hay absolutamente ninguna manera de que Estados Unidos gane esta guerra” y una derrota americana cambiaría para siempre el orden global.

Sin embargo, las predicciones místicas deben tomarse con cautela. Si bien Athos Salomé ganó notoriedad asociando su nombre a grandes acontecimientos, este tipo de afirmaciones suele difundirse mejor cuando resultan amplias, dramáticas y susceptibles de múltiples interpretaciones. Conceptos como “guerra de desgaste”, “ciberataques” y “disputa energética” ya forman parte del análisis habitual de los expertos en seguridad cada vez que se intensifica la tensión en Oriente Próximo.

Además, el desenlace de una guerra no depende de un único factor. El curso de un conflicto puede cambiar por decisiones diplomáticas, presiones económicas, cambios de gobierno, nuevas alianzas militares, negociaciones secretas, fallos de inteligencia o protestas internas. Cuando una predicción contempla varios escenarios posibles, resulta más fácil que acierte en alguno, aunque los detalles no hayan sido precisos desde el inicio.

En cualquier caso, el atractivo de estas predicciones reside en cómo capturan la ansiedad contemporánea. En un mundo donde las contiendas también se libran en redes digitales, mercados financieros y rutas marítimas, declaraciones como las de Salomé funcionan como reflejo del temor actual: la sensación de que el siguiente giro puede llegar no solo de un misil, sino de un fallo en un sistema, un bloqueo en el mar o una decisión tomada lejos de los focos.

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