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Madre abandona carrera, pasa 32 años en busca del hijo secuestrado y salva a 29 niños más

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El chino Mao Yin fue reencontrado por su madre tras permanecer desaparecido durante 32 años, después de haber sido secuestrado cuando aún era un niño en Xi’an, en 1988. Tenía apenas 2 años y 8 meses cuando desapareció al ser dejado solo durante unos minutos frente al hotel familiar. Según el testimonio recogido en el informe policial y en medios como el South China Morning Post, aquel episodio marcó el inicio de una larga búsqueda que envolvió a varias generaciones de voluntarios y agentes de seguridad.

Su madre, Li Jingzhi, recibió la noticia de la desaparición al volver a casa tras recibir un telegrama urgente. A partir de ese instante, emprendió una campaña incesante para localizar a su hijo. Durante más de tres décadas, Li distribuyó alrededor de 100 000 folletos con la fotografía de Mao Yin, colocó carteles en estaciones de tren, autobuses y lugares públicos, recorrió unas diez provincias y siguió al menos 300 pistas que finalmente resultaron ser falsas.

Las investigaciones oficiales señalaron que el menor había sido secuestrado y posteriormente vendido a una pareja en la provincia de Sichuan, región ubicada en el suroeste de China con capital en Chengdu. Este tipo de tráfico ilegal de menores alcanzó su punto álgido durante la vigencia de la política del hijo único (1979-2015), ya que las restricciones demográficas crearon un mercado clandestino de adopciones que motivó a muchas familias a recurrir a irregularidades.

A pesar de las dificultades personales —entre ellas un posterior divorcio y el fallecimiento de su propia madre en 2015—, Li nunca abandonó la búsqueda. Además de sus esfuerzos para hallar a Mao Yin, durante esos años colaboró con organizaciones y comités especializados en casos de menores desaparecidos. Bajo su impulso, más de 29 niños separados de sus familias biológicas fueron reunidos con sus progenitores originales, gracias al apoyo de voluntarios y de las autoridades locales.

En 2020, la policía china localizó a Mao Yin en la ciudad de Chengdu mediante una prueba de ADN. Este tipo de análisis genético, basado en la comparación de perfiles de ADN entre muestras biológicas, se ha convertido en una herramienta clave para la identificación forense y la investigación de crímenes relacionados con desapariciones. Al confirmar la coincidencia genética, los agentes organizaron el esperadísimo encuentro: Mao Yin corrió instintivamente hacia su madre y, tras más de tres décadas separados, exclamó “¡Madre!”.

Hoy, Mao Yin está casado y sigue viviendo en Chengdu, mientras que Li Jingzhi continúa residiendo en Xi’an. Ambos han retomado el contacto y mantienen una relación estrecha tras años de angustia y búsqueda incansable. La historia de esta familia ejemplifica cómo la perseverancia de un progenitor y el avance de las técnicas de identificación genética pueden dar esperanza a los millones de casos de menores desaparecidos en todo el mundo.

Con más de 30 años de lucha emocional y testimonio de solidaridad, este caso también ilustra los cambios sociales y legales que China ha implantado en las últimas décadas para mejorar la protección de la infancia y combatir las redes de tráfico de personas. Organismos internacionales recomiendan la creación de bases de datos de ADN y sistemas de alerta global para niños desaparecidos, recogiendo lecciones de hechos como el vivido por Li Jingzhi y su hijo Mao Yin.

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