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En dos semanas, Trump sufre derrotas en EE. UU. y en América Latina

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Dispuesto a recuperar la influencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental, el presidente Donald Trump ha acumulado al menos tres reveses en sus políticas interna y exterior durante las últimas dos semanas. Las derrotas amenazan la estrategia de su Gobierno para recuperar la presencia estadounidense en América Latina.

En los últimos días, Trump ha perdido la mayoría en el Congreso de Estados Unidos, en una derrota histórica en las elecciones de mitad de mandato que puede comprometer los dos últimos años de su Gobierno. El republicano también ha sufrido reveses políticos y electorales en países latinoamericanos, que ahora ponen en riesgo el éxito de la llamada «Doctrina Donroe».

La «Doctrina Donroe» combina los nombres de Donald Trump y Monroe, en alusión a la histórica Doctrina Monroe del siglo XIX. La política exterior del entonces presidente James Monroe defendía una «América para los americanos»: frenaba la influencia de otras regiones en América Latina y ampliaba la presencia de Estados Unidos en el territorio.

De vuelta en la Casa Blanca, el actual presidente estadounidense ha adoptado una política exterior similar a la de Monroe, con el objetivo de recuperar la influencia de Estados Unidos en los países latinoamericanos y reducir la presencia de China en la región. El republicano ha tratado de restablecer esa influencia acercándose a líderes de derechas de la zona.

**Pérdida de influencia en Brasil**

El primer revés se produjo el 25 de octubre, cuando millones de brasileños acudieron a las urnas para elegir al nuevo presidente de Brasil en la segunda vuelta de las elecciones.

En uno de los lados de la contienda estaba Flávio Bolsonaro (PL), cuya familia mantiene vínculos con el actual presidente estadounidense; en el otro, Luiz Inácio Lula da Silva (PT), que había tenido desencuentros con el republicano durante los últimos meses. Trump no expresó su apoyo directo al candidato del Partido Liberal (PL).

Aun así, interlocutores de la Casa Blanca consideraban que una eventual victoria de Flávio en la mayor potencia de América Latina supondría una oportunidad para ampliar la influencia de Estados Unidos en la región, dada la afinidad política entre Trump y el senador brasileño.

Esa expectativa quedó reflejada en una declaración realizada en junio por el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, responsable de la política exterior de Donald Trump. En aquella ocasión, calificó Brasil como una «excepción entre los países aliados de Estados Unidos en el hemisferio». Mencionó al país junto a Nicaragua, Venezuela, Cuba y Colombia, gobernada entonces por el expresidente Gustavo Petro, también de izquierdas.

Días después, Rubio expresó su esperanza de que la región cambiara tras las elecciones previstas. Gobiernos que antes eran de izquierdas en América del Sur y América Central pasaron a estar encabezados por figuras de derechas después de las elecciones nacionales, en un movimiento que favoreció la influencia estadounidense en la región. Los cambios se produjeron en Panamá, Chile, Perú y Colombia.

En Brasil, sin embargo, el escenario fue distinto. Lula logró una remontada inédita frente a Flávio en la segunda vuelta y fue elegido para un cuarto mandato como presidente. Según interlocutores del Palacio de Planalto, la victoria del líder del PT fue un «jarro de agua fría» para el actual Gobierno estadounidense y alejó la posibilidad de injerencia en el país a través de Flávio Bolsonaro.

Durante la campaña, Flávio ya había manifestado su deseo de alinearse con los intereses estadounidenses. Si hubiera sido elegido, el entonces candidato afirmó que calificaría como terroristas a organizaciones criminales brasileñas —una propuesta de Trump rechazada por el Gobierno de Lula— y que se sumaría al Escudo de las Américas, otra iniciativa de Estados Unidos para combatir a organizaciones criminales latinoamericanas. Lula también se opone a esa medida.

Dos días después de perder las elecciones, el senador brasileño abandonó el país rumbo a Estados Unidos, donde vive actualmente con su familia en Miami. Su salida se considera una huida. La Justicia brasileña lo investiga por presunta corrupción, blanqueo de capitales y evasión de divisas.

**Pérdida de un aliado en medio de la crisis en Paraguay**

El revés en América Latina no se limitó a Brasil. La renuncia del presidente de Paraguay, Santiago Peña, este jueves 5 de noviembre, también puede considerarse una derrota para Donald Trump.

Aliado del republicano en la región, Peña mantuvo una línea directa con la Casa Blanca durante su mandato y se sumó a las principales iniciativas de Estados Unidos para la zona.

Esta semana, sin embargo, el liderazgo del paraguayo se desmoronó en medio de un escándalo financiero en el país. El Banco Central del Paraguay (BCP) ordenó la liquidación del banco Ueno al considerarlo insolvente, es decir, incapaz de cumplir sus compromisos financieros. El Ministerio Público de Paraguay también pidió que se abriera una investigación penal sobre la entidad.

La disolución del banco afecta especialmente a Peña, contra quien se presentó una petición de destitución tras el caso. El jefe de Estado paraguayo, formado en Economía, fue accionista de Ueno Holding hasta marzo de 2025, una empresa vinculada al grupo que controla el banco.

El presidente, no obstante, se adelantó al avance de la petición de destitución y decidió renunciar al cargo. Ahora corresponde al Congreso del país decidir si acepta la renuncia de Santiago Peña, que deberá formalizar su solicitud ante el poder legislativo.

Según los especialistas, la crisis de Paraguay se suma al debilitamiento de los líderes de derechas durante las últimas semanas y a la reciente derrota de Trump en el Congreso.

**La ola azul estadounidense**

Días después de la derrota de Flávio Bolsonaro —que, de no haberse producido, podría haber situado a la principal potencia latinoamericana bajo la influencia de Estados Unidos—, Trump sufrió también un revés interno.

En las elecciones de mitad de mandato, celebradas el martes 3 de noviembre, el Partido Republicano del presidente fue derrotado por el Partido Demócrata y perdió el control del Congreso de Estados Unidos.

El dominio republicano en las dos cámaras legislativas del país, la Cámara de Representantes y el Senado, permitía a Trump avanzar con su agenda política y protegerse de las investigaciones y las acciones de la oposición.

En la contienda estaban en juego 35 escaños del Senado, 435 de la Cámara y 36 cargos de gobernador.

En total, el Partido Demócrata eligió a 54 senadores y superó el mínimo de 50 escaños necesario para controlar el Senado.

En la Cámara fueron elegidos 247 representantes demócratas, 29 más que los 218 necesarios para dominarla. En las elecciones estatales, el Partido Demócrata también obtuvo mejores resultados: eligió a cinco gobernadores más que en las elecciones de 2024 y pasó a gobernar 28 estados del país. El Partido Republicano se quedó con 20.

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