Brasil ocupa un lugar destacado en los índices de ansiedad. En 2017 quedó en el primer puesto del ranking mundial de prevalencia de esta condición, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Con el paso de los años, el trastorno ha afectado a más brasileños y el país ha mantenido el liderazgo global en número de personas con ansiedad.
La psicóloga Candice Galvão, de Natal, en el estado brasileño de Rio Grande do Norte, explica que la ansiedad no se manifiesta de la misma manera en todas las personas. Algunas identifican con claridad el malestar, mientras que otras continúan cumpliendo sus obligaciones, trabajando y cuidando de quienes tienen alrededor, aunque traten de sobrellevar un desgaste que puede pasar inadvertido. Por eso, que alguien siga con sus actividades no significa necesariamente que no esté sufriendo.
La especialista señala cinco indicios que merecen atención y que pueden mostrar que la ansiedad ha alcanzado un nivel elevado. Estos signos, considerados por separado, no confirman la existencia de un trastorno, pero pueden ayudar a reconocer cuándo el malestar está interfiriendo en la vida cotidiana.
1. La mente no consigue desacelerar
En esta situación, la persona anticipa constantemente posibles problemas, piensa en lo que podría salir mal e intenta encontrar soluciones para situaciones que todavía no se han producido. Incluso cuando todo parece estar bien, puede resultarle difícil relajarse. La atención queda centrada en prever escenarios y riesgos, en lugar de descansar en el momento presente.
2. El cuerpo empieza a expresar esa tensión
Pueden aparecer, o intensificarse, las palpitaciones, los temblores, la tensión muscular, las molestias gastrointestinales y los cambios en el sueño. La especialista subraya que el organismo puede permanecer en estado de alerta aunque no exista una amenaza inmediata. Así, el malestar no se limita a los pensamientos: también puede hacerse visible en sensaciones físicas y en las rutinas de descanso.
3. Las situaciones pequeñas provocan reacciones muy intensas
La persona puede sentirse más irritable, impaciente o sensible, y tener dificultades para afrontar los imprevistos. Desde fuera, estas reacciones pueden interpretarse como mal humor. Sin embargo, según la profesional, también pueden reflejar un sufrimiento que necesita ser comprendido. La intensidad de la respuesta ante una situación cotidiana puede ser un indicio para observar cómo está afectando la ansiedad a la persona.
4. La concentración y la capacidad de decidir se ven afectadas
Cuando la mente está ocupada intentando prever riesgos, queda menos espacio para prestar atención a lo que sucede en el presente. Algunas personas pueden quedarse paralizadas ante una decisión; otras revisan repetidamente lo que hacen por miedo a equivocarse. En ambos casos, la preocupación por cometer un error puede dificultar tareas que antes se realizaban con normalidad.
5. La vida empieza a organizarse en torno al miedo
De acuerdo con Candice Galvão, alguien con ansiedad puede evitar compromisos, situaciones sociales, viajes o tareas que antes llevaba a cabo. Poco a poco, puede dejar de participar en actividades importantes, no porque haya perdido el interés por ellas, sino por temor al malestar que podrían provocarle. La especialista en psicología clínica considera que este indicio merece especial atención: para evitar sentir ansiedad, la persona puede renunciar a experiencias, relaciones y posibilidades.
La psicóloga aconseja observar el impacto del sufrimiento en la vida cotidiana. La presencia aislada de uno de estos signos no basta para confirmar un trastorno, pero sí puede indicar que conviene solicitar una evaluación profesional. También es relevante fijarse en si la ansiedad dificulta mantener actividades, tomar decisiones o participar en situaciones que antes formaban parte de la rutina. Reconocer esos cambios permite describir mejor el malestar y valorar si es necesario buscar ayuda.


