El equipo del Gobierno del presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, trabaja desde comienzos de esta semana para resolver las «bombas» presupuestarias que dejó la campaña electoral. Las medidas y promesas del Ejecutivo obligarán a reordenar al menos 3.200 millones de euros en el Presupuesto de 2027.
La última versión de las cuentas no contempla algunas medidas anunciadas por Lula durante la campaña. Entre ellas figuran una subida del Bolsa Família, cuyo coste se estima en 3.520 millones de euros; la ampliación del programa Pé-de-Meia, calculada en unos 320 millones; el programa Desenrola 3.0, con un coste de 800 millones, y el Pix Mei, valorado en 160 millones de euros.
Las cantidades en euros de este artículo son aproximadas y se calculan usando una equivalencia de 0,16 euros por real brasileño.
**Las cuentas del Gobierno central**
Se habla de superávit primario cuando los ingresos superan los gastos sin contar los intereses de la deuda. Si los gastos son mayores que los ingresos, se produce un déficit primario. Ambos resultados forman el llamado resultado primario.
En el acumulado de 2025, el Gobierno central registró un déficit primario de unos 2.080 millones de euros, una vez descontadas deducciones por valor de aproximadamente 7.776 millones. El déficit equivalió al 0,1% del producto interior bruto (PIB). Pese al saldo negativo, el Ejecutivo cumplió la meta fiscal de 2025. Para 2026, el objetivo del Gobierno federal es alcanzar un superávit fiscal del 0,25% del PIB, equivalente a unos 5.600 millones de euros.
Cuando se anunció la subida del Bolsa Família, el 17 de septiembre, el ministro de Planificación, Bruno Moretti, explicó que se incorporaría al Presupuesto mediante una reasignación de gastos. Una de las posibles fuentes sería el saldo de los recursos previstos para eliminar la lista de espera del Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS).
Moretti señaló que una reducción de las previsiones de gasto en pensiones genera recursos disponibles y que una parte de ese importe se trasladaría para hacer posible la subida del Bolsa Família. Los ajustes presupuestarios son necesarios para que se cumpla la meta fiscal. Los detalles los están negociando Moretti y el ministro de Hacienda, Dario Durigan, en unas conversaciones que comenzaron el lunes 26 de octubre.
Durigan afirmó ese lunes que el Gobierno buscará formalmente alcanzar el punto central de la meta fiscal. Según explicó, las medidas legales se presentarán mediante un proyecto de ley complementaria, que incluirá instrumentos para evitar dudas jurídicas sobre ese objetivo. Añadió que el Ejecutivo también estudia otras iniciativas.
**Meta fiscal**
El punto central de la meta fiscal para 2027 prevé un superávit primario del 0,5% del PIB, equivalente a unos 11.712 millones de euros. La meta tiene un margen de tolerancia del 0,25% del PIB, tanto por encima como por debajo. Por ello, se considerará cumplida si el superávit alcanza al menos unos 5.856 millones de euros.
El resultado primario mide la diferencia entre los ingresos recaudados por el Gobierno y sus gastos, sin incluir los importes destinados al pago de intereses de la deuda pública. La meta no tiene en cuenta determinadas deducciones legales: gastos federales que quedan fuera de ese cálculo. Entre los ejemplos citados se encuentran los pagos de precatorios que superan el límite previsto, las compensaciones a beneficiarios del INSS por descuentos indebidos, gastos temporales en educación y sanidad y desembolsos para proyectos estratégicos de defensa nacional.
**Deuda pública**
La deuda pública consolidada de Brasil ha aumentado en los últimos años. Entre los factores señalados están los intereses de la deuda, que no forman parte del resultado primario, los déficits presupuestarios y los gastos excluidos del cálculo de ese resultado.
La deuda bruta del Gobierno general alcanzó en septiembre el 82,9% del PIB, unos 1,776 billones de euros. En diciembre de 2022, antes del inicio del actual mandato de Lula, se situaba en el 71,68%.
El nivel de deuda influye en el ánimo de los mercados. Tras la primera vuelta electoral, algunos analistas apostaron por una victoria del senador Flávio Bolsonaro. Entre otros factores, consideraban que su llegada a la presidencia supondría un mayor compromiso con las cuentas públicas, aunque Bolsonaro no había presentado medidas para recortar drásticamente el gasto.
La inesperada victoria de Lula provocó caídas en los mercados y una subida del dólar. El lunes posterior a la reelección, la bolsa registró un descenso del 13,88%, que continuó durante la semana. El viernes anterior a la segunda vuelta, el índice de la bolsa brasileña, B3, había cerrado en 205.600 puntos. A primera hora de la tarde del viernes siguiente marcaba 167.700.
Carlos Eduardo Oliveira Jr., presidente del Sindicato de Economistas del Estado de São Paulo, atribuyó la reacción de los mercados a la preocupación de los inversores por la capacidad del Gobierno para compatibilizar el crecimiento económico con el mantenimiento de unas cuentas públicas saneadas. A su juicio, la decepción inicial podría ser pasajera: los agentes financieros evalúan a los gobiernos por sus resultados y la confianza puede recuperarse si la nueva Administración demuestra compromiso con la responsabilidad fiscal, la seguridad jurídica y la previsibilidad regulatoria.


