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Gesto de amor: una familia cuenta cómo es acoger temporalmente a niños

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Sara Carvalho Lima, de 37 años, conoce desde la infancia la necesidad de vivir lejos de su familia de origen. Debido a las dificultades económicas de sus tutores, quedó bajo la tutela del Estado y pasó parte de su vida en centros de acogida. Hoy convierte esa experiencia en una forma de devolver lo recibido: desde hace tres años acoge en su casa, a través del programa Familia de Acogida, a niños separados de sus tutores por malos tratos, abandono o negligencia.

La iniciativa está impulsada por el Grupo Aconchego, una organización de la sociedad civil sin ánimo de lucro, en colaboración con la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal. Ofrece cuidados temporales mientras la Justicia decide si el niño puede regresar con su familia de origen o si debe seguir el camino de la adopción.

«En el centro, la convivencia era colectiva y los profesionales se repartían los cuidados. En el acogimiento familiar, el niño pasa a formar parte de la rutina de una casa, convive con una familia y participa en el día a día del hogar. Es especial poder ofrecer esta experiencia, aunque sea temporalmente, a otros niños que quizá nunca hayan vivido algo así», cuenta Sara.

La experiencia de acoger a niños también ha cambiado la manera en que Sara y su pareja, Divanildo da Silva Lima, de 42 años, ven a los tutores que no pueden cuidar de sus propios hijos. Para la pareja, reconocer esa dificultad y buscar una alternativa segura para el niño no debería ser motivo de juicio.

«Con esta experiencia, hemos aprendido a juzgar menos a los progenitores. La entrega voluntaria también puede ser un gesto de amor. Ocurre cuando se dan cuenta de que no pueden cuidar al niño y buscan una vía para que crezca en un entorno seguro, con afecto y cuidados. No lo dejan en cualquier sitio, en una esquina o en un callejón. Hacen una entrega consciente en un lugar seguro», añade.

Esta comprensión cobra aún más importancia ante los casos en los que la red de protección no consigue evitar una tragedia. Una bebé de un año y tres meses, por ejemplo, murió el 25 de octubre tras las sospechas de malos tratos. Antes de su muerte, el Consejo Tutelar había pedido a la Justicia, basándose en la Ley Henry Borel (Ley n.º 14.344/2022), que la niña fuera separada de su madre, su padrastro y la niñera. Sin embargo, la solicitud fue denegada.

**LA REINTEGRACIÓN, UNA PRIORIDAD**

Entre 2022 y octubre de 2026, el programa atendió a 241 niños y adolescentes en el Distrito Federal. Entre los casos con un desenlace comunicado, la mayoría terminó con el regreso a la familia de origen: hubo 95 reintegraciones y 77 adopciones. De esos dos resultados, el 55,2 % correspondió al regreso con familiares y el 44,8 %, a la adopción.

Leidiane dos Santos Costa, trabajadora social del programa, explica que la prioridad es el regreso a la familia de origen. Antes de derivar a un niño a la adopción, el equipo busca alternativas para que los padres puedan volver a cuidar de sus hijos o para que otros familiares asuman esa responsabilidad.

«Para ello, evaluamos de qué manera pueden recuperar los padres las condiciones necesarias para cuidar de sus hijos, incluido el acceso a tratamientos en casos de dependencia química. También buscamos familiares, como abuelos y tíos, que puedan hacerse cargo. La adopción solo se plantea cuando se agotan esas alternativas. Hasta entonces, los niños permanecen con familias de acogida», explica.

La duración del acogimiento depende de la situación de cada niño. Según Leidiane, hay casos de emergencia en los que es necesario separarlo inmediatamente de su entorno familiar por una situación de riesgo, y otros en los que el acogimiento se produce después de una resolución judicial.

Durante ese tiempo, el vínculo afectivo entre el niño y la familia de acogida es inevitable. Sara tiene dos hijos, de 6 y 14 años, que también conviven con los niños recibidos en casa. Para afrontar la despedida, las familias reciben preparación, que les ayuda a comprender el carácter temporal del acogimiento y la importancia de respetar el proceso de transición.

«Uno de los aspectos más importantes del acogimiento es entender que en algún momento habrá una despedida. Eso no significa que haya que borrar la historia del niño durante ese periodo. En ese tiempo puede dar sus primeros pasos, aprender a leer o, en el caso de un adolescente, ganar más autonomía y vivir momentos importantes. Las familias guardan esos recuerdos en un álbum para que no se pierdan», explica Leidiane.

La despedida no tiene por qué poner fin al vínculo. La trabajadora social señala que las familias de acogida pueden mantener el contacto con los niños si están de acuerdo las personas que pasan a hacerse cargo de ellos.

**UN EQUIPO DETRÁS DEL ACOGIMIENTO**

Para acompañar a las familias durante todo el proceso, el programa cuenta con profesionales de distintas áreas, como psicólogos, trabajadores sociales, conductor y personal de los departamentos financiero y administrativo. Además de orientar a las personas cuidadoras, el equipo hace seguimiento de las necesidades de los niños y de sus familias de origen.

El Grupo Aconchego trata de aumentar el número de familias voluntarias que cuentan con la habilitación necesaria para recibir a niños y adolescentes de entre 0 y 18 años. La franja de edad que se elige depende de la disponibilidad y de la rutina de cada familia. Por ejemplo, quienes tienen poco tiempo para cuidar de un bebé quizá estén en mejores condiciones de acoger a un adolescente, que suele tener más autonomía. También es posible incorporar al niño a la vida cotidiana del hogar junto con los hijos que ya viven con la familia de acogida.

«Todo depende de la rutina familiar. Cuidar de un bebé, por ejemplo, requiere más tiempo y dedicación. Acoger a un adolescente es una experiencia diferente: hay que acompañarle en esa etapa de descubrimientos, aconsejarle y orientarle en cuestiones como la sexualidad y la educación financiera. Si la familia no puede dedicar tiempo a un bebé, quizá sea más adecuado recibir a un adolescente, que tiene más autonomía, o incorporar al niño a la rutina de sus propios hijos», concluye la trabajadora social.

Quienes quieran participar deben pasar por un proceso de selección y preparación antes de obtener la habilitación del programa. En el Distrito Federal pueden presentarse personas mayores de 18 años que residan en la capital, tengan disponibilidad afectiva y emocional y puedan cuidar de un niño o adolescente. Se aceptan todas las configuraciones familiares, incluidas las personas solteras. Uno de los criterios es no tener intención de adoptar, ya que el objetivo del acogimiento es ofrecer cuidados temporales.

El primer paso es ponerse en contacto con el Grupo Aconchego y manifestar el interés. A continuación, los candidatos participan en entrevistas con profesionales de asistencia social y psicología, pasan por una evaluación de sus circunstancias familiares y una visita al domicilio, y reciben formación. Esta explica el funcionamiento del servicio y los retos emocionales del acogimiento, incluida la preparación para la despedida. Una vez completadas estas etapas, el equipo evalúa si la familia está preparada para recibir a un niño. Las personas interesadas pueden escribir a familiaacolhedora.aconchego@gmail.com, contactar con @aconchegodf en Instagram o llamar al (61) 3964-5048.

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