
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva frena el giro a la derecha en Brasil, mientras ocho de los doce países sudamericanos están gobernados por líderes conservadores. (Foto: Instagram)
La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil ha impedido que el giro político hacia la derecha alcance también al país. Según el recuento publicado, ocho de los 12 Estados sudamericanos están gobernados por líderes de derecha, en un contexto de creciente influencia de Estados Unidos en la región.
La información afirma que cuatro países mantienen gobiernos de izquierda y menciona a Guyana, con Irfaan Ali; Surinam, con Jennifer Simons; Uruguay, con Yamandú Orsi, y Venezuela, gobernada de forma interina por Delcy Rodríguez. En el otro bloque sitúa a Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú, que en conjunto representan aproximadamente el 58,3 % de la población sudamericana.
Lula se enfrentó en las elecciones al senador Flávio Bolsonaro. Durante la campaña, este estrechó lazos con dirigentes de derecha de la región, especialmente con el presidente argentino, Javier Milei, y el ecuatoriano, Daniel Noboa. También buscó acercarse a Estados Unidos, cuyo presidente es Donald Trump. La información señala que Trump ha respaldado a líderes conservadores en distintos países y que hizo gestos de apoyo a Flávio Bolsonaro.
El nuevo mandato de Lula comienza en un escenario regional distinto al de 2022, cuando regresó al poder y la mayoría de los países vecinos estaban dirigidos por presidentes de izquierda. Fuentes diplomáticas citadas en la información consideran que las relaciones de Brasil con los demás países de la región no deberían cambiar sustancialmente y que el pragmatismo económico pesará más que las diferencias ideológicas. El domingo 25 de octubre, horas después de conocerse el resultado electoral, Lula recibió llamadas de felicitación del presidente paraguayo, Santiago Peña, y del chileno, José Antonio Kast. Para miembros de la diplomacia brasileña, esos contactos ilustran la relación cordial que el mandatario mantiene con los líderes regionales.
Aun así, el avance de la derecha bajo la influencia de Trump podría complicar la agenda exterior brasileña. El equipo de política exterior de Lula prevé que Brasil dé prioridad a acuerdos bilaterales en los próximos años, en un momento en que, según la información, se debilitan los organismos multilaterales. También anticipa que la presión de Washington será relevante, sobre todo en la lucha contra el narcotráfico: Estados Unidos ha ampliado la cooperación militar con gobiernos afines a su política de seguridad y defiende una mayor participación de las Fuerzas Armadas frente a las organizaciones criminales.
Una de las iniciativas impulsadas por Washington es la Coalición de las Américas contra los Cárteles, conocida también como Escudo de las Américas. La alianza, liderada por Estados Unidos, pasó de 12 integrantes iniciales a 19 tras la incorporación de Colombia. Entre sus participantes figuran Ecuador, Argentina, Bolivia, Chile, El Salvador, Perú y Honduras. Brasil no forma parte del grupo y mantiene una posición más prudente ante la ampliación de la presencia militar estadounidense en Sudamérica. Miembros del Gobierno brasileño han expresado que no tienen interés en sumarse y que prefieren promover acuerdos bilaterales contra el crimen transnacional. La relación con la Casa Blanca se considera uno de los asuntos más delicados del cuarto mandato de Lula. Aunque ambos dirigentes mantienen una buena relación, miembros del Gobierno brasileño juzgan hostil hacia el presidente la política del Departamento de Estado dirigido por Marco Rubio.


