El candidato a la Presidencia Wilson Grassi Junior (Demócrata) presentó la propuesta “Meu Botox, Minha Vida”, que prevé la aplicación gratuita de toxina botulínica para mujeres de bajos ingresos. Según Grassi, la iniciativa tendría como objetivo contribuir a la autoestima femenina y se financiaría con parte de la recaudación de impuestos sobre cosméticos o mediante una reducción en el financiamiento público de las campañas electorales.
De acuerdo con informaciones publicadas por Folha, el programa estaría destinado específicamente a mujeres de bajos ingresos y garantizaría el acceso sin coste al procedimiento estético. La toxina botulínica, comúnmente conocida como botox, es una sustancia utilizada en medicina estética para atenuar arrugas y líneas de expresión, así como en ciertos tratamientos terapéuticos. En España, una sesión de aplicación de toxina botulínica puede oscilar entre 300 y 400 euros, dependiendo de la clínica y la extensión de la zona tratada.
Grassi es veterinario de formación y se afilió al partido Democrata a principios de este año. Esta es la primera vez que se presenta a la Presidencia de la República; anteriormente participó en tres procesos electorales sin éxito. En 2006, se postuló como diputado estadual por São Paulo bajo las siglas del PFL, pero no resultó electo. En 2022, su candidatura a diputado federal fue rechazada por la Justicia Electoral por “ausencia de requisito de registro”. Finalmente, en 2024, trató de conseguir una plaza de concejal en la ciudad de São Paulo con el PRTB y tampoco logró el escaño.
La propuesta “Meu Botox, Minha Vida” surge en un contexto en el que el acceso a tratamientos estéticos puede suponer un gasto elevado para quienes disponen de recursos limitados. Estudios sectoriales estiman que el mercado de la toxina botulínica y otros cosméticos genera millones de euros en impuestos anuales, tanto por la compra de productos como por los servicios aplicados en clínicas de estética. Estos tributos suelen gravarse con un IVA que, en la Unión Europea, se sitúa en torno al 21 % para productos cosméticos, una proporción que aporta importantes ingresos a las arcas públicas.
Entre las vías de financiación que baraja Grassi figura destinar una parte de esa recaudación tributaria al programa de botox gratuito. La otra opción consistiría en minorar el financiamiento público de las campañas electorales, recortando una partida que, en Brasil, suele suponer un gasto anual multimillonario. En España, por ejemplo, la subvención estatal a partidos y procesos electorales ascendió a cerca de 43 millones de euros en los últimos comicios generales. La reducción de estos fondos conllevaría un debate sobre la transparencia y el equilibrio entre el derecho a la participación política y la sostenibilidad del sistema.
La expectativa de Grassi, según sus propias palabras, es “favorecer la autoestima y el empoderamiento de las mujeres más vulnerables”, sin interferir en los mecanismos sanitarios habituales. Los detractores de esta iniciativa advierten del riesgo de politizar procedimientos médicos y de dejar en segundo plano otras necesidades sanitarias, lo cual impulsa el debate sobre prioridades presupuestarias en un país con una extensa lista de demandas sociales.
En la presente campaña, Wilson Grassi Junior comparte fórmula con Suêd Haidar, fundadora del partido Democrata, como candidata a la Vicepresidencia. Según ha explicado, su postulación a la Presidencia se produjo después de mantener conversaciones con la cúpula del partido: inicialmente mostró interés en presentarse al Senado, pero finalmente la dirección partidaria avaló su nombre para la candidatura presidencial. “Hubo una comunión de pensamiento y el partido aceptó mi propuesta”, declaró el aspirante.


