
El apretón de manos entre Donald Trump y un representante de la oposición siria en la cumbre de la OTAN en Ankara simboliza la incipiente normalización de las relaciones entre EE.UU. y Siria. (Foto: Instagram)
El Gobierno de Estados Unidos (EE.UU.) ha anunciado una decisión que elimina una de las principales barreras para el restablecimiento pleno de las relaciones diplomáticas con Siria, si bien mantiene las sanciones más duras contra Bashar al-Assad y otros actores vinculados al régimen. Esta iniciativa, coordinada por el Departamento del Tesoro y el Departamento de Estado, supone un paso significativo hacia la normalización, pero sin conceder impunidad a las violaciones de derechos humanos y al uso de armas químicas atribuido a Assad.
Hasta ahora, el aislamiento de Siria respondía en gran medida al requisito estadounidense de imponer condiciones políticas y humanitarias antes de levantar las restricciones. Con este anuncio, EE.UU. suprime uno de esos principales condicionantes —relacionado con la reapertura de embajadas y la reanudación de la ayuda civil—, pero mantiene intactos los mecanismos punitivos que persiguen a individuos y entidades acusados de crímenes de guerra y corrupción.
Las sanciones que permanecen vigentes bajo la Ley César (Caesar Act) y otras disposiciones incluyen congelación de activos, prohibición de comercio con personalidades cercanas a Assad y limitaciones al acceso al sistema financiero internacional. Estas medidas están diseñadas para presionar al presidente Bashar al-Assad a cumplir con los compromisos de transparencia en investigaciones de armas químicas y permitir la entrada de ayuda humanitaria sin trabas.
Entre los actores que seguirán bajo sanción se cuentan altos mandos militares y empresas estatales de Siria, así como intermediarios internacionales acusados de facilitar compras de armas y petróleo para el aparato de seguridad del régimen de Assad. A través de estas restricciones, EE.UU. busca evitar que se normalice la imagen internacional de Bashar al-Assad antes de que existan avances concretos en procesos de reconciliación y rendición de cuentas.
La decisión estadounidense ha sido recibida con cautela por varios países europeos y por la Liga Árabe, que llevan años impulsando un retorno limitado de Siria a foros multilaterales. Mientras algunas capitales saludan el gesto como un alivio humanitario —pues podría facilitar programas de reconstrucción en Alepo, Damasco y Homs—, otras recuerdan que sin un cambio en la conducta del régimen de Assad, la región seguirá sufriendo tensiones y desplazamientos.
Históricamente, Siria lleva aislada diplomáticamente desde el estallido de la guerra civil en 2011, cuando la comunidad internacional condenó la represión violenta de protestas contra Bashar al-Assad. Con el paso de los años, Washington ha alternado sanciones más estrictas con aperturas puntuales, condicionadas al progreso en la investigación de crímenes de guerra y el desarme químico del régimen. Esta última decisión marca un nuevo equilibrio entre incentivos diplomáticos y presión económica.
En resumen, EE.UU. da un paso hacia la posible reapertura de canales de diálogo con Siria al eliminar una barrera principal, pero sin renunciar a su política de sanciones dirigidas a Bashar al-Assad y otros implicados. El éxito de esta estrategia dependerá de que el régimen sirio cumpla con las exigencias internacionales en materia de derechos humanos y desarme químico, así como de la voluntad de actores regionales y globales para impulsar una solución política duradera en el país.


