Brianna Lafferty afirma haber permanecido clínicamente muerta durante ocho minutos antes de ser reanimada por un equipo médico. La joven estadounidense, de 25 años, sufría un cuadro de distonía mioclónica —un trastorno neurológico que provoca contracciones musculares involuntarias y espasmos— cuando sufrió un paro cardiorrespiratorio. Según su relato, aquella experiencia transformó por completo su percepción de la vida y la muerte.
Durante el episodio de parada cardíaca, Brianna cuenta que escuchó una voz que le preguntaba si estaba lista antes de sumirse en una completa oscuridad. A continuación, describió una sensación de separación de su cuerpo físico y la impresión de existir en un entorno donde el tiempo había dejado de fluir.
“De repente, me separé de mi cuerpo físico. No vi ni recordé mi yo humano. Permanecí completamente inmóvil, pero me sentí plenamente viva, consciente y más yo misma que nunca. No había dolor, solo una profunda sensación de paz y claridad. Este desapego de mi forma física me hizo comprender lo temporaria y frágil que es nuestra experiencia humana. Existe una presencia, o inteligencia, superior a nosotros mismos que nos guía y cuida con amor incondicional”, relató Brianna.
La distonía mioclónica afecta el control motor y, en casos graves, puede derivar en complicaciones que requieren intervención inmediata. Durante la reanimación cardiopulmonar (RCP), los médicos aplicaron técnicas de compresión torácica y ventilación asistida para restablecer su circulación. Estudios sobre experiencias cercanas a la muerte (ECM) indican que, tras la suspensión del flujo sanguíneo, el cerebro puede mantener niveles reducidos de actividad eléctrica durante pocos minutos, aunque los mecanismos exactos que desencadenan las visiones siguen siendo objeto de investigación en neurología y filosofía.
Brianna también afirmó haber mantenido contacto con seres que no supo identificar y describió un entendimiento profundo del universo.
“Todo sucede al mismo tiempo en ese lugar, como si el tiempo no existiera, pero observaba una perfección ordenada. Viví el comienzo de todo y comprendí que nuestro universo está formado por una sucesión de patrones numéricos. Conocí entidades que no estoy segura de si eran humanas, pero me resultaron familiares. Esto cambió el rumbo de mi vida: el miedo perdió poder y las metas materiales dejaron de importar. Volví con un sentido de misión y una enorme reverencia tanto por la vida como por la muerte”, añadió.
La experiencia reforzó en ella la creencia de que la conciencia persiste después de la muerte.
“Mis pensamientos se materializaban de inmediato en la vida ultraterrena. Descubrí que nuestras ideas crean una realidad allí, aunque requiere tiempo, lo cual es una bendición. Podemos transformar la negatividad en positividad y convertirla en realidad. Me siento empoderada y confío en los acontecimientos de la vida, incluso en los más duros. Ahora comprendo que todo sucede por una razón y fluyo sin rabia cuando ocurren sucesos adversos”, explicó.
La recuperación resultó prolongada. Brianna tuvo que reaprender a hablar y a andar tras la reanimación. Además, fue sometida a una cirugía experimental en la glándula pituitaria —una pequeña estructura cerebral que regula la secreción hormonal— debido a daños provocados por la falta de oxígeno. Según su testimonio, los resultados del procedimiento han sido muy alentadores.
A pesar del impacto que aquella experiencia ha ejercido en su vida, Brianna confiesa que no desearía repetir un episodio similar.
“Me da algo de miedo volver a vivir una ECM, solo por lo difícil que fue la recuperación”, admitió.
Tras su convalecencia, se formó como doula espiritual de muerte, función que prefiere nombrar «guía de transición». Este trabajo consiste en acompañar a personas y a sus familias durante los procesos finales de la vida, en enfermedades graves y en momentos de crecimiento espiritual. En muchos países, las doulas de muerte ofrecen apoyo emocional, acompañamiento consciente y recursos para facilitar el proceso de duelo y la aceptación del ciclo vital.


