
La cruz de una farmacia muestra 37 °C en París en plena ola de calor europea (Foto: Instagram)
Desde Escandinavia hasta los Alpes, Europa afrontó un calor sofocante durante el pasado fin de semana que se saldó con cientos de muertes. El episodio de altas temperaturas afectó de manera generalizada a países nórdicos y alpinos, donde los termómetros se mantuvieron mucho más altos de lo habitual para la época. Aunque las olas de calor veraniego no son inéditas en el continente, la intensidad y la duración de este nuevo pico de calor han superado con creces los registros recientes, desencadenando una mortalidad elevada y poniendo a prueba los sistemas de salud pública.
La circulación de una masa de aire cálido procedente del sur, reforzada por un sistema de alta presión estacionario, fue el principal responsable de que las lecturas superasen los niveles históricos registrados en múltiples estaciones meteorológicas. En Escandinavia, ciudades como Estocolmo y Oslo experimentaron temperaturas por encima de los 30 °C durante varios días consecutivos, un fenómeno poco común en latitudes tan septentrionales. Del mismo modo, en la región alpina se registraron valores puntuales próximos a los 35 °C en localidades turísticas de altura, donde el aire suele ser más fresco.
El impacto sobre la salud de la población vulnerable resultó especialmente grave. Personas mayores con patologías crónicas —hipertensión, enfermedades cardiacas o problemas respiratorios—, así como aquellos que tomaban medicamentos diuréticos, vieron agravados sus síntomas ante la imposibilidad de mantener una hidratación y una temperatura corporal óptimas. Los servicios de urgencias y las unidades de cuidados intensivos de varios países europeos colapsaron ante la avalancha de pacientes con cuadros de agotamiento, golpe de calor y crisis respiratorias.
Las infraestructuras también sufrieron importantes tensiones. La red de transporte, tanto ferroviaria como por carretera, registró cancelaciones de trenes y restricciones de velocidad en vías férreas deformadas por el calor. En las ciudades, el suministro eléctrico estuvo al límite debido a la alta demanda de aire acondicionado, provocando cortes puntuales en zonas urbanas. Además, la agricultura vio afectada la cosecha de cultivos sensibles a las olas de calor, como el trigo y determinadas frutas, poniendo en riesgo tanto la producción local como los precios dentro de la Unión Europea.
Este fenómeno climático recuerda al episodio de calor de 2003, que dejó más de 70 000 fallecidos en todo el continente, o a los picos térmicos de 2019 y 2022, cuando se superaron récords de temperatura y se disparó la mortalidad. Sin embargo, los expertos alertan de que la frecuencia e intensidad de estas olas de calor tiende a incrementarse, fruto de un calentamiento global progresivo que afecta a todos los rincones de Europa, desde los fiordos escandinavos hasta los glaciares alpinos.
En este contexto, los gobiernos de los países más afectados activaron planes de emergencia y sistemas de alerta a la población. Se recomendó a los ciudadanos permanecer en interiores durante las horas de máxima radiación solar, aumentar el consumo de líquidos y evitar la realización de actividades físicas intensas al aire libre. Asimismo, se instalaron centros de refrigeración temporales en zonas urbanas y se habilitaron líneas telefónicas de atención para personas mayores o con movilidad reducida.


