Un hombre que confesó que había retirado de cementerios los cuerpos de 29 niñas y conservarlos en su domicilio volvió a generar repercusión en Rusia tras la decisión de la Justicia de prorrogar por seis meses más su internamiento en un hospital psiquiátrico. Anatoly Moskvin, de 53 años, también declaró durante la revisión del caso que no tiene intención de pedir perdón a las familias implicadas.
El caso salió a la luz en 2011, cuando las fuerzas de seguridad encontraron, en el piso donde Moskvin vivía con sus padres, los restos mortales de las menores, que habían sido sustraídos de diferentes cementerios de la región de Nizhni Nóvgorod. Según la pesquisa oficial, las víctimas tenían entre 3 y 12 años de edad. La complejidad de la investigación motivó la intervención de expertos en antropología forense, que confirmaron que los cuerpos habían sido exhumados con cierto grado de pericia para su traslado y conservación.
Durante la revisión más reciente del proceso, el propio Moskvin volvió a referirse a su relación con los familiares de las víctimas. “No consideraba que existieran padres, en mi visión. Yo no los conocía. Además, los derechos de los padres terminan cuando entierran a sus hijas”, aseguró el detenido, según informaciones de la prensa local. En otra de sus declaraciones anteriores, sostuvo: “Ustedes abandonaron a sus hijas en el frío, yo las traje a casa y las calenté”.
La Justicia rusa, tras evaluar los informes psiquiátricos y periciales, concluyó que Moskvin padece un trastorno mental grave que anula su responsabilidad penal. Por ello, en lugar de una condena de prisión ordinaria, el hombre permanece bajo medida de seguridad en un centro hospitalario psiquiátrico especializado. Este tipo de internamientos se revisan periódicamente a fin de determinar si persiste el riesgo que llevó a su imposición, así como la necesidad de garantizar la protección de la sociedad y la atención médica adecuada al paciente.
Según la legislación penal rusa, las medidas de internamiento en hospitales psiquiátricos se pueden prorrogar indefinidamente si los exámenes médicos y psicológicos demuestran que el sujeto sigue siendo peligroso. En el caso de Moskvin, la Fiscalía solicitó la ampliación del plazo debido a las constantes manifestaciones del detenido que evidencian su falta de arrepentimiento y la ausencia de reconocimiento del daño causado.
Entre las familias afectadas se encuentra la de Olga Chardymova, una niña de 10 años cuyo cuerpo fue hallado en el domicilio de Moskvin. Su madre, Natalia Chardymova, relató que continuaba visitando la tumba de su hija sin saber que los restos mortales habían sido retirados. “Yo estaré satisfecha si descubro que él pase toda la vida en el hospital. Es una persona enferma”, declaró la mujer, quien ya ordenó un nuevo entierro de los restos anónimos para evitar una posible repetición de la violación de sepultura.
El entorno familiar de Anatoly Moskvin también se ha visto sorprendido por la magnitud del hallazgo. Su madre aseguró en su momento que creía que su hijo sólo elaboraba muñecos de gran tamaño y que no sospechó nada inusual. Este tipo de trastornos, en los que confluyen aislamiento social prolongado y obsesiones de corte antropológico, resulta extremadamente infrecuente pero pone de manifiesto las complejidades de la evaluación psiquiátrica forense.
El proceso judicial en torno a Moskvin ha llamado la atención de especialistas en salud mental, criminólogos y colectivos de derechos de las víctimas, que reclaman mayor supervisión en los procedimientos de internamiento y un acompañamiento psicológico a los familiares de las víctimas. Mientras tanto, Anatoly Moskvin permanece internado por orden judicial en el hospital psiquiátrico, donde recibirá tratamiento y se someterá a nuevas revisiones en los próximos meses.


