Una mujer de Brasilia se encuentra entre las cientos de víctimas mortales de los intensos terremotos que sacudieron Venezuela el miércoles 24 de junio. La información fue confirmada al diario Metrópoles el viernes 26 de junio por fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil (Itamaraty). El nombre y datos precisos de la víctima se mantienen en reserva, en cumplimiento de la Ley General de Protección de Datos Personales (LGPD).
Según las mismas fuentes, la mujer se encontraba en su domicilio junto a su pareja cuando la edificación colapsó a causa de los movimientos sísmicos. Fue trasladada a un centro hospitalario, pero falleció a consecuencia de las graves heridas sufridas durante el derrumbe. Además de este caso, se está investigando la situación de otro ciudadano brasileño, un hombre que ingresó en un hospital que también se desplomó. Todavía no se ha hecho pública su identidad ni su lugar de residencia.
En un comunicado oficial emitido el jueves 25 de junio, el Itamaraty informó que se está prestando asistencia consular a los familiares de las víctimas. Se les ha proporcionado orientación para los trámites de traslado o repatriación y se ha habilitado un canal directo de atención con el fin de garantizar apoyo jurídico, médico y logístico en Venezuela.
El último reporte oficial de las autoridades venezolanas elevó el número de fallecidos a 589 personas tras los dos grandes sismos registrados en el norte del país. Las zonas más afectadas fueron el litoral, especialmente el estado de La Guaira, y la capital, Caracas, donde numerosos edificios antiguos no resistieron la sacudida.
Además de las víctimas mortales, el gobierno venezolano contabiliza casi 3 000 heridos. El número de desaparecidos aún no ha sido registrado de forma oficial; sin embargo, diversas plataformas civiles de búsqueda internacional estiman que podrían rondar entre 30 000 y 40 000 personas. Estos datos se basan en reportes de familiares y evacuados que perdieron comunicación con sus allegados tras el desastre.
Los dos principales terremotos se produjeron la noche del miércoles, con epicentros localizados en el estado de Yaracuy. El primero alcanzó una magnitud de 7,1 en la escala de Richter y, apenas 39 segundos después, se registró un segundo de 7,5. La brusca sucesión de ambos temblores agravó la devastación de infraestructuras y complicó las tareas de rescate.
El jueves por la mañana se sintió un nuevo sismo de menor intensidad —magnitud 5,0— que causó daños reducidos y no provocó víctimas adicionales. No obstante, la población local permaneció en alerta por el riesgo de réplicas tras los movimientos de gran energía.
El Gobierno de Brasil, encabezado por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, anunció el envío de ayuda humanitaria a la nación vecina. La Fuerza Aérea Brasileña (FAB) partirá desde São Paulo con suministros médicos, víveres de primera necesidad y equipos de búsqueda y rescate. Se estima que la operación se realizará durante la jornada del viernes 26 de junio.
Hasta el momento, unas veinte naciones han expresado su disposición a colaborar con Venezuela en las labores de emergencia. Las contribuciones incluyen envío de equipos técnicos, brigadas de ingenieros y donaciones monetarias o en especie.
Venezuela se ubica en una zona de alta sismicidad debido a la interacción de la placa del Caribe con la placa Sudamericana. A lo largo de su historia reciente, el país ha sufrido varios episodios sísmicos significativos, como el terremoto de Cariaco en 1997 o el de Cumaná en 1997, ambos con consecuencias graves para la población y la infraestructura.
El Itamaraty ha recordado a los brasileños en Venezuela la importancia de inscribirse en el Registro de Brasileños en el Exterior (RBE) para facilitar la localización y asistencia en situaciones de emergencia. Asimismo, se recomienda mantener actualizados los datos de contacto de familiares y empleadores, así como seguir las indicaciones de las autoridades locales en materia de evacuación y seguridad.
Brasil y Venezuela comparten una larga tradición de cooperación en materia de gestión de desastres naturales y asistencia mutua. Mecanismos regionales como la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) han establecido protocolos de respuesta conjunta que ahora se activan para mitigar el impacto humanitario de estos seísmos.


