Con tan solo 8 años, Maria Chelysheva se convirtió en la única superviviente de una tragedia familiar que conmovió a Rusia y obtuvo repercusión internacional. En cuestión de minutos, la niña perdió a su padre, su madre, su hermano y su abuela tras resultar todos intoxicados por gases liberados por unas patatas almacenadas en el sótano de la vivienda familiar.
El suceso tuvo lugar en 2014, en la pequeña localidad de Laishevo, en la región del Volga, donde la familia Chelyshev guardaba una considerable provisión de patatas para el invierno. Sin percatarse de su avanzado estado de descomposición, el padre de Maria, Mikhail Chelyshev, entró en el sótano para revisar los alimentos conservados. Al respirar el aire cargado de gases tóxicos, cayó inconsciente de inmediato.
Al notar la prolongada ausencia de Mikhail, su esposa, Anastasia, se dirigió al sótano para socorrerlo y también resultó incapacitada por la inhalación de los mismos vapores. Minutos después, su hijo mayor, Georgy, de 18 años, entró con la misma intención: ayudar a sus padres. El resultado fue trágico: también perdió la vida a consecuencia de la intoxicación.
La secuencia fatal no se detuvo allí. Cuando la abuela de Maria, Iraida, de 68 años, se percató de la emergencia y descendió al sótano para pedir socorro, también inhaló los gases y falleció antes de que llegaran los servicios de emergencia. Mientras tanto, Maria nunca llegó a entrar en la estancia donde se acumulaban los vapores, por lo que salió ilesa. Al asomarse, encontró a sus familiares desplomados y logró dar la voz de alarma desde la planta superior.
Según los investigadores que se encargaron del caso, la causa exacta de los fallecimientos fue la inhalación de gases tóxicos generados por la descomposición de las patatas guardadas en un espacio herméticamente cerrado. Entre los compuestos más peligrosos se encuentran el dióxido de carbono en altas concentraciones, el metano y el ácido sulfhídrico, este último especialmente perjudicial para el sistema nervioso central. El ácido sulfhídrico, por ejemplo, bloquea la respiración a nivel celular, lo que provoca que los órganos vitales dejen de recibir oxígeno de forma inmediata.
Los expertos en almacenamiento y conservación de alimentos secos advierten de que las patatas, al deteriorarse, sufren procesos de fermentación anaerobia que pueden liberar gases inodoros y letales. Por ello, es imprescindible ventilar periódicamente los sótanos y las zonas de guarda de verduras, mantener una temperatura y humedad controladas y desechar cualquier tubérculo que muestre signos de podredumbre antes de acumular grandes volúmenes.
Casos similares de intoxicación accidental por gases liberados en espacios cerrados han ocurrido en distintos países, aunque rara vez con un saldo tan alto de víctimas de una misma familia. Las autoridades sanitarias recomiendan la instalación de detectores de dióxido de carbono y monóxido de carbono en viviendas rurales, así como la formación de los habitantes en protocolos de ventilación y manipulación segura de productos agrícolas.
Tras la tragedia, Maria fue acogida por familiares lejanos que viven en la misma región. El caso, además de conmocionar a la población local, ha servido de ejemplo para campañas de prevención de riesgos domésticos en zonas rurales de Rusia y otros países donde la despensa de invierno en sótanos o bodegas es una práctica extendida.
La historia de Maria Chelysheva recuerda la importancia de prestar atención al almacenamiento de alimentos y de reconocer que incluso productos tan comunes como las patatas pueden convertirse en agentes mortales cuando se descomponen en ambientes cerrados y sin ventilación adecuada.


