El 30 de junio de 2009, el vuelo 626 de la aerolínea Yemenia, un Airbus A310 procedente de París con destino final en Moroni, capital de las Comoras, se precipitó en el océano Índico pocos minutos después de despegar de la pista de Moroni. De las 153 personas a bordo, 152 perdieron la vida. La única superviviente fue Bahia Bakari, una niña francesa de 12 años que, contra todo pronóstico, logró aferrarse a un fragmento del fuselaje y mantenerse a flote durante aproximadamente 11 horas.
Según los testimonios recogidos por los equipos de rescate, Bahia no llevaba chaleco salvavidas y no sabía nadar. En el momento del accidente, ocurrido de noche, la visibilidad era reducida y el mar se encontraba agitado. Tras impactar en el agua, la aeronave se desintegró y gran parte de los restos quedó dispersa. Fue en uno de estos fragmentos donde Bahia encontró apoyo, sujetándose con fuerza hasta que los rescatadores localizaron su posición.
Las operaciones de búsqueda se desarrollaron en condiciones muy adversas. Las embarcaciones de la guardia costera y equipos de buceo enfrentaron corrientes fuertes, olas de varios metros y la presencia de combustible vertido en la superficie. Estas circunstancias complicaron la localización de posibles supervivientes y de los cuerpos de las víctimas. Pese a ello, los buzos y los helicópteros de alerta continuaron la investigación durante toda la noche y la jornada siguiente.
Al llegar al lugar del rescate, los socorristas hallaron a Bahia con signos claros de hipotermia y agotamiento extremo, aunque aún consciente. Fue trasladada en helicóptero a un hospital, donde permaneció bajo observación durante varias semanas. Los médicos atendieron lesiones leves, cortes y contusiones producidos tanto por el impacto como por la exposición prolongada al agua fría, pero descartaron daños neurológicos o internos de gravedad.
Este caso excepcional de supervivencia despertó un amplio interés internacional. El Airbus A310-324 empleado en el vuelo 626 había sufrido una pérdida de potencia en uno de sus motores tras ingresar un cúmulo de hielo, de acuerdo con los informes técnicos elaborados por las autoridades de aviación civil. No obstante, la investigación oficial subrayó la complejidad de las maniobras de emergencia en agua y las difíciles condiciones meteorológicas en ese momento.
Años después del siniestro, Bahia Bakari narró su vivencia en el libro “Moi Bahia, la miraculée”, publicado en Francia, donde relata el impacto emocional de perder a su madre, también pasajera del vuelo, y cómo su propia supervivencia marcó el resto de su vida. En 2022, la Justicia francesa condenó a Yemenia Airways por vulneraciones en los protocolos de seguridad y mantenimiento de la aeronave, poniendo fin a un litigio que se prolongó durante más de una década.
El episodio del vuelo 626 ha servido para reforzar las normas internacionales sobre entrenamiento de tripulaciones en procedimientos de amerizaje y para mejorar los equipos de búsqueda y rescate en zonas oceánicas remotas. Asimismo, ha puesto de relieve la vulnerabilidad de los viajeros ante condiciones extremas y la importancia de la rápida coordinación entre autoridades aeroportuarias y servicios de emergencia.


