El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que un medicamento experimental habría ayudado a pacientes considerados sin posibilidad de recuperación. La declaración se produjo durante un discurso sobre el Right to Try Act, ley aprobada durante su primer mandato que permite a enfermos terminales acceder a tratamientos aún en fase experimental.
Según Trump, “nosotros tomamos personas que estaban muertas. Tuvimos a una persona que recibió la extremaunción, ya se la habían dado por partida, los hijos estaban llorando y todo, y empezamos a administrar este medicamento. Y la persona mejoró. Funciona”, aseguró el mandatario durante su intervención. Con esta afirmación, insistió en que existe en Estados Unidos una sustancia capaz de revertir cuadros clínicos considerados mortales.
La declaración resonó rápidamente en redes sociales y medios de comunicación estadounidenses. El fragmento del vídeo en el que Trump relata este supuesto caso de “resurrección” fue difundido por el periodista Aaron Rupar y se viralizó en cuestión de horas, generando adhesiones y escepticismo en igual medida.
En el segmento completo del evento, el presidente detallaba los alcances del Right to Try Act, una normativa que amplió en su momento el acceso de pacientes terminales a fármacos de alto riesgo o todavía en fase de prueba. Esta ley, impulsada con el argumento de ofrecer una “última oportunidad” a enfermos sin alternativas, autoriza que compañías farmacéuticas suministren compuestos experimentales sin necesidad de que hayan superado todas las fases de ensayo clínico exigidas por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA).
Expertos en regulación sanitaria han advertido que, si bien la ley abre un canal adicional para pacientes desesperados, presenta complejidades jurídicas y éticas. En Estados Unidos, el proceso estándar de autorización de un nuevo fármaco suele implicar tres fases de ensayo clínico —donde se evalúa seguridad, eficacia y dosificación— antes de obtener la aprobación definitiva de la FDA. El Right to Try Act, sin embargo, permite que los enfermos terminales soliciten directamente compuestos en fase I o II de estudio, siempre que los fabricantes estén dispuestos a suministrarlos y los pacientes firmen un consentimiento informado.
Diversos análisis publicados en la prensa americana señalaron que Trump habría empleado descripciones exageradas al relatar casos puntuales de mejoría clínica, que son excepcionales en el contexto de tratamientos experimentales. Organizaciones de defensa de los derechos de los pacientes han reclamado regulaciones más claras para garantizar la protección de individuos en situación de vulnerabilidad, evitando expectativas irreales o riesgos no calculados.
El debate sobre los potenciales beneficios y riesgos del Right to Try Act resurgió en Estados Unidos tras estos comentarios presidenciales. En 2024, una investigación del portal Stat puso de relieve que muchos pacientes ya disponían de rutas de acceso compasivo a medicamentos experimentales antes de la aprobación de esta ley, a través de programas de uso ampliado gestionados por la FDA. El informe también destacó que la nueva normativa no resolvía del todo las cuestiones relativas a costes, cobertura de seguros y responsabilidad legal en caso de efectos adversos.
Durante el evento en el que Trump hizo sus declaraciones, se observó al fondo la presencia de Mehmet Oz, administrador de los Centros de Servicios Medicare y Medicaid (CMS). Oz, médico de formación, ha jugado un papel relevante en la implementación de políticas sanitarias federales.
El posicionamiento del presidente sobre este supuesto “fármaco que resucita” reaviva la discusión pública en torno a la sensibilización ética y legal de los tratamientos experimentales. Al mismo tiempo, refuerza la atención sobre la manera en que los mensajes presidenciales pueden influir en la percepción social de avances médicos aún en fase de validación científica.


