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Un incendio destruye el Salão Reikado en el Monte Misen, que albergaba una llama sagrada de casi 1.200 años

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Incendio destruye el Salão Reikado en el Monte Misen (Foto: Instagram)

Un incendio arrasó el Salão Reikado, situado en el Monte Misen, que durante casi 1.200 años había mantenido viva una llama sagrada vinculada a la tradición budista japonesa. El fuego, cuya causa aún se investiga, consumió por completo esta pequeña edificación de madera cuyo origen se remonta a más de un milenio atrás. Los responsables del templo budista lamentan la pérdida de este símbolo espiritual y advierten sobre la fragilidad de construcciones históricas hechas con materiales naturales.

La llama sagrada conservada en el Salão Reikado era considerada un emblema de continuidad y protección dentro de los rituales del budismo japonés. Se encendía en ceremonias especiales y se transmitía de generación en generación sin que su fuego se extinguiese jamás. Esta práctica ancestral subraya la importancia de la luz como representación de la sabiduría y la compasión en la doctrina budista, y en el caso del Monte Misen servía de punto de encuentro para peregrinos y monjes que ascendían la montaña en busca de inspiración espiritual.

El Monte Misen, ubicado en la isla de Itsukushima, es un lugar de gran valor cultural y natural dentro del archipiélago japonés. Desde la cima se disfruta de panorámicas que abarcan el mar Interior de Seto y enormes extensiones boscosas. A lo largo de los siglos, la montaña ha sido escenario de retiros monásticos y prácticas de meditación al aire libre, aprovechando la quietud y la pureza del entorno. La destrucción del Salão Reikado deja huérfana una pieza esencial de este paisaje, pues servía de centro ceremonial para la comunidad local.

El Salão Reikado, antes de ser arrasado por las llamas, se construyó siguiendo los cánones tradicionales de la arquitectura religiosa japonesa: paredes de madera, techos curvados y un interior sobrio en el que la llama centenaria ocupaba el lugar principal. Los monjes encargados de su cuidado realizaban inspecciones periódicas y mantenían rituales diarios para asegurar el correcto funcionamiento de los sistemas de protección contra el fuego y la humedad. A pesar de estas precauciones, el adelanto del fuego resultó imparable y no dejó más que cenizas y maderas carbonizadas.

La pérdida del Salão Reikado y de su llama sagrada pone de relieve los riesgos a los que se enfrentan los bienes patrimoniales construidos en madera, especialmente en regiones propensas a incendios. Expertos en conservación apuntan a la necesidad de reforzar las medidas de vigilancia, profundizar en técnicas modernas de extinción y fomentar programas de formación para el personal de templos y santuarios. Solo así será posible garantizar la preservación de monumentos como el Salão Reikado en el Monte Misen, testigos imprescindibles de la historia y la espiritualidad japonesas.

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