
Un miliciano iraní armado vigila una calle de Teherán (Foto: Instagram)
El uranio enriquecido al 90 % es considerado apto para fabricar un arma nuclear, y hasta el momento se cree que Teerán ha alcanzado ya un grado de enriquecimiento del 60 %. Este umbral de pureza se sitúa muy por encima de los niveles requeridos para fines de generación eléctrica, lo que suscita inquietud en la comunidad internacional.
El elemento químico uranio se compone principalmente de dos isótopos: U-238, mayoritario, y U-235, que posee la fisibilidad necesaria para reacciones en cadena. En su estado natural, el uranio contiene apenas un 0,7 % de U-235. Para alimentar reactores de energía civil, ese porcentaje suele aumentar hasta el 3 % o el 5 %. Cuando se supera el 20 %, se considera uranio altamente enriquecido. Alcanzar el 60 % acorta el tiempo y el esfuerzo técnicos para llegar al 90 %, la cifra generalmente aceptada como necesaria para un arma nuclear.
La técnica empleada en estos procesos es la separación isotópica, que normalmente se lleva a cabo mediante centrifugación de gas de hexafluoruro de uranio (UF₆). Al girar a altísimas revoluciones, las centrifugadoras separan gradualmente las moléculas con U-235 de las más pesadas con U-238. Para subir del nivel inicial al 60 % se requieren numerosas etapas y modelos avanzados de centrifugadoras. Elevar ese enriquecimiento hasta el 90 % implica multiplicar el número de equipos y el tiempo de funcionamiento, aunque no de forma lineal: cuanto más puro es el producto, más fácil resulta perfeccionarlo en cada nueva fase.
El crecimiento de la capacidad de enriquecimiento en Teerán ha estado sometido al escrutinio del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Pese a las inspecciones periódicas, los datos indican que Irán habría acelerado el proceso tras varios desacuerdos internacionales y la suspensión del Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC). Desde entonces, la República Islámica ha declarado que su programa es exclusivamente pacífico, pero la diferencia entre lograr un 60 % y un 90 % de pureza se ha convertido en indicador clave de su posible vía hacia el armamento nuclear.
En términos históricos, el interés de Irán por el enriquecimiento de uranio se remonta a la década de los setenta, con proyectos civiles de generación de electricidad. Tras años bajo sanciones económicas, en 2015 se firmó el PAIC para reducir su stock y límite de centrifugadoras, a cambio de alivios en las restricciones comerciales. Sin embargo, el levantamiento parcial de esas medidas y el desarrollo de instalaciones subterráneas han permitido a Teerán incrementar su producción de material fisionable.
La diferencia técnica entre el 60 % y el 90 % no solo es numérica: implica un empeoramiento dramático de los plazos de “ruptura” (breakout), es decir, el periodo necesario para obtener suficiente material fisible con fines bélicos. Pasar del nivel civil al 60 % podría llevar meses; escalar hasta el 90 % solamente requiere unas pocas semanas adicionales si el programa cuenta con stock y centrifugadoras suficientes.
Frente a este escenario, la comunidad internacional y los organismos de verificación buscan mantener y reforzar los mecanismos de supervisión. El seguimiento de las reservas de uranio enriquecido, la transmisión de datos en tiempo real y posibles nuevos acuerdos diplomáticos son las vías propuestas para evitar una escalada que reduzca aún más los márgenes de confianza y seguridad global.


