La infidelidad se analiza frecuentemente por el impacto que provoca: la ruptura de la confianza, el dolor y la sensación de que algo íntimo ha sido arrebatado. Sin embargo, la psicoterapeuta belga Esther Perel, una de las figuras más respetadas en los estudios sobre las relaciones modernas, la intimidad y el deseo, identifica un patrón recurrente en los casos de infidelidad: una sensación que ella denomina “deadness”, que puede traducirse como “apagamiento emocional” o “entorpecimiento afectivo”.
Aunque el término suena contundente, describe algo más sutil. No implica necesariamente el fin del amor. En muchos casos, la persona aún siente cariño por su pareja, valora la relación y reconoce la historia compartida. El problema radica en otra parte: una sensación persistente de que una parte de uno mismo se ha detenido, sin novedad, deseo o presencia plena.
La especialista en relaciones Jess Matthews, al comentar las investigaciones de Perel, explica que este estado puede surgir tanto de factores internos como de la dinámica de pareja. Es esa rutina que no estalla de golpe, pero que desgasta con el tiempo. No se trata de grandes escenas dramáticas, sino de pequeñas ausencias repetidas: hay menos conversación verdadera, menos curiosidad mutua, menos intimidad y menos capacidad de sorpresa.
¿Qué significa este apagamiento emocional?
Según Matthews, la “deadness” describe una combinación de adormecimiento afectivo, desconexión y erosión personal. Dicho de otro modo, la persona empieza a sentirse menos viva dentro de su propia relación o vida cotidiana.
Esto puede manifestarse de diversas maneras. La rutina se convierte en un carril fijo. El deseo pierde espacio. La comunicación se vuelve funcional, casi administrativa: la pareja habla de facturas, hijos, horarios, tareas y problemas, pero deja de tratar temas íntimos como deseos, miedos, fantasías, frustraciones y sueños.
Algunos signos comunes de este estado incluyen:
• Sentir que la pareja se ha convertido más en un equipo de amigos que en compañeros románticos
• Percibir aburrimiento o vacío en la propia vida personal
• Cansarse de desempeñar siempre el papel de “adulto responsable”, “padre/madre” o “pacificador” en la relación
• Echar de menos la espontaneidad, el deseo y la intimidad compartida
El punto central es que la persona puede seguir queriendo a su pareja y, al mismo tiempo, sentirse incómoda por la impresión de que algo esencial ha desaparecido.
Por qué esto puede llevar a la infidelidad
La explicación de Perel no justifica la infidelidad ni minimiza el sufrimiento de quien ha sido traicionado. El objetivo es comprender el mecanismo subyacente al comportamiento. Según la especialista, muchas personas no engañan únicamente para herir al otro, sino porque buscan sentir algo que creen haber perdido.
Matthews resume esta idea afirmando que quien traiciona, a menudo, “quiere sentirse vivo de nuevo”. La infidelidad, en este contexto, funciona como una vía de escape: no resuelve el problema real, pero ofrece una sensación intensa de novedad, validación, deseo e identidad.
Además, señala que en muchos casos la traición nace de una carencia o inseguridad interna. Puede tratarse de un intento egoísta de evadirse de cuestiones profundas sin afrontarlas directamente. La aventura amorosa se convierte en una especie de atajo emocional: durante algunos momentos, la persona deja de sentirse apagada, previsible o atrapada en un rol.
El peligro es evidente: lo que para quien engaña puede parecer una explosión de vida, para todos los involucrados suele dejar tras de sí un rastro de dolor, culpa y ruptura de la confianza.
Contexto y antecedentes
Esther Perel, reconocida internacionalmente por sus conferencias y libros como “Mating in Captivity” (“Sexo en cautiverio”), se ha especializado en entender cómo las parejas mantienen la pasión y la conexión en sociedades modernas. Su enfoque combina la psicología clínica con la antropología cultural para explorar cómo influyen el deseo y la intimidad en la estabilidad de la relación.
El concepto de “apagamiento emocional” forma parte de un marco más amplio de estudios sobre la salud relacional, donde se analizan factores como la comunicación, la sexualidad, los estilos de apego y el papel de las expectativas sociales. Investigaciones previas han mostrado que la monotonía y la falta de novedad pueden afectar al cerebro de manera similar al estrés crónico, reduciendo la sensación de bienestar y comprometiendo la satisfacción de la pareja.
Tanto terapeutas como expertos en terapia de pareja coinciden en que reconocer este proceso de entorpecimiento afectivo es el primer paso para intervenir antes de que se produzca una infidelidad. Estrategias como recuperar rituales de encuentro, fomentar la curiosidad mutua y reservar espacios de complicidad emocional pueden ayudar a reavivar la conexión y prevenir la llamada “deadness”.
El artículo “Especialista en relaciones revela hábito común entre traidores” apareció primero en 111 Next.


