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“Paciente cero” de brote de hantavirus en crucero es hombre que visitó vertedero infestado

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Un vertedero sanitario cercano a Ushuaia, en el extremo sur de Argentina, se ha convertido en el centro de una investigación sanitaria internacional. Frecuentado por observadores de aves en busca de especies raras de la Patagonia, el lugar podría haber sido el punto de partida de un brote de hantavirus que resultó en tres muertes y en la evacuación de pasajeros del barco MV Hondius en Tenerife, en las Islas Canarias.

El incidente tuvo inicio antes incluso de que el crucero zarpara. Leo Schilperoord, un holandés de 70 años, viajaba por Sudamérica junto a su esposa, Mirjam Schilperoord. Ambos eran entusiastas de la observación de aves y visitaron un vertedero en las inmediaciones de Ushuaia a finales de marzo, pocos días antes de embarcar en el MV Hondius, que partió de Argentina el 1 de abril.

El destino puede parecer inusual para turistas, pero no para los observadores de aves. Los vertederos y las zonas de descarte atraen a ciertas especies debido a la concentración de alimento. Según varios testimonios, el lugar era conocido por quienes buscaban aves patagónicas raras, como la caminera de barriga blanca.

El problema es que ese entorno también albergaba un peligro invisible: los roedores.

O vertedero investigado

Las autoridades sanitarias consideran que Leo y Mirjam podrían haberse expuesto al virus Andes en el vertedero, posiblemente al inhalar partículas contaminadas por heces, orina o saliva de roedores infectados, una de las vías más comunes de transmisión del hantavirus.

La zona está situada a pocos kilómetros de Ushuaia y fue descrita por un guía local como una “montaña de basura” que superó los límites inicialmente establecidos por las autoridades. En un escenario así, la presencia de roedores puede generar un entorno peligroso, sobre todo cuando hay polvo, residuos orgánicos y constante movimiento de personas.

El virus Andes está asociado a roedores silvestres de Sudamérica. Cuando el material contaminado se seca y se perturba, partículas muy pequeñas pueden quedar suspendidas en el aire. Una persona puede infectarse sin necesidad de contacto directo con el animal.

Fue esa posibilidad la que situó al vertedero en el centro de la investigación. No se trata solo de un detalle curioso de un viaje, sino del probable primer eslabón en la cadena de contagio.

Del vertedero al crucero

Tras la visita al lugar, la pareja embarcó en el MV Hondius. Durante la travesía, Leo enfermó y falleció. Posteriormente, Mirjam también murió a causa de la infección. Se confirmó una tercera víctima mortal, un pasajero de nacionalidad alemana.

El caso alarmó a las autoridades debido a que la cepa implicada, el virus Andes, es una de las pocas formas de hantavirus con transmisión documentada entre personas. Esto no significa que se propague con la facilidad de una gripe, pero sí que existe riesgo en contactos estrechos.

En un barco, este aspecto es crucial. Los pasajeros comparten pasillos, zonas comunes, comidas y espacios cerrados durante varios días. Por eso, cuando se identificaron los casos, la embarcación fue considerada un entorno de alto riesgo.

La investigación trata de esclarecer si todos los contagios se originaron en la primera exposición en el vertedero o si algunas infecciones ocurrieron más adelante, ya durante el crucero.

Síntomas y evacuación

El hantavirus puede tardar entre una y ocho semanas en mostrar síntomas. En la fase inicial, la enfermedad se presenta con síntomas similares a los de una gripe: fiebre, cansancio, dolores musculares, dolor de cabeza, mareos, escalofríos, náuseas, vómitos y diarrea. Más adelante, puede evolucionar hacia tos y dificultad para respirar.

La forma grave de esta infección se conoce como síndrome pulmonar por hantavirus. Afecta principalmente a los pulmones y puede progresar con rapidez. En el caso del virus Andes, la tasa de mortalidad es elevada, oscilando entre el 20 % y el 40 %.

El 10 de mayo de 2026, los pasajeros restantes comenzaron a ser evacuados del MV Hondius en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. La retirada se organizó por nacionalidades. Aquellos que dieron negativo en las pruebas y no mostraban síntomas fueron encaminados a vuelos especiales de repatriación, con seguimiento médico y equipos de protección.

Este caso llama la atención por reunir en un solo hilo tres escenarios improbables: un vertedero utilizado como punto de observación de aves, roedores portadores de un virus poco habitual y un barco de expedición convertido en foco de vigilancia sanitaria.

Este artículo apareció primero en 111 Next.

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