La navegante Tami Oldham Ashcraft sobrevivió durante 47 días completamente sola en el océano Pacífico tras un huracán que destrozó el barco en el que viajaba junto a su novio, Richard Sharp, en 1983. El incidente ocurrió mientras el joven matrimonio aceptaba transportar un velero desde Tahití hasta la costa oeste de los Estados Unidos, tras varios meses de travesías por diversos puertos y mares.
Durante la travesía, una tormenta tropical se intensificó hasta convertirse en huracán en pleno Pacífico. La embarcación de quince metros de eslora fue alcanzada por olas de gran altura y vientos superiores a los 200 kilómetros por hora. Cuando amainó, Tami despertó herida y descubrió el casco agrietado, el mástil roto y el habitáculo inundado. Su prometido había desaparecido entre la oscuridad de la noche y el huracán, y ella quedó a la deriva sin comunicación alguna.
Para orientarse en medio del océano, Ashcraft recurrió a un sextante, instrumento de navegación que data del siglo XVIII. Este dispositivo mide la altura angular de un astro sobre el horizonte y permite calcular la latitud y longitud mediante triangulación celeste. Gracias a los cálculos de Tami, se determinó que la ciudad de Hilo, en Hawái, se encontraba a aproximadamente 2.400 kilómetros de distancia. Con esa información trazó su rumbo.
La supervivencia en mar abierto requirió imaginación y recursos muy limitados. Ashcraft improvisó una vela con un mástil secundario y lonas de cabos rotos, y construyó una bomba de achique artesanal para extraer el agua acumulada en la bodega. También reutilizó piezas del mobiliario para reforzar el casco y creó un refugio improvisado contra la lluvia y el sol intenso. Su alimentación se basó en alimentos enlatados que, pese a la inundación parcial, habían soportado la presión del agua.
Durante aquellos días, el agotamiento físico y la pérdida de sangre por una herida en la cabeza complicaron su estado. En su relato, la navegante cuenta que hubo jornadas en las que no pudo moverse ni ingerir alimentos, y que llegó a pensar en quitarse la vida. Sin embargo, cada día al mediodía utilizaba el sextante para verificar su posición y corregir la deriva, lo que mantuvo viva la esperanza de alcanzar tierra firme.
La historia de Tami Oldham Ashcraft adquirió relevancia internacional cuando relató su experiencia en un libro publicado años después. En él describió con detalle el proceso de restauración de partes del barco, la gestión de la escasez de agua dulce y las emociones al enfrentarse al aislamiento extremo. Asimismo, explicó cómo aprendió a leer el cielo nocturno y las corrientes marinas para optimizar su navegación.
El rescate se produjo cuando un buque de investigación japonés divisó el velero semihundido a pocos millas de la costa de Hilo. Los tripulantes subieron a bordo y prestaron los primeros auxilios, trasladándola luego a un hospital local. El caso de Ashcraft es frecuentemente citado en manuales de supervivencia marítima como ejemplo excepcional de resistencia física y mental.
El océano Pacífico es conocido por sus extensas áreas despobladas y corrientes impredecibles. Los huracanes que se forman en esa región pueden alcanzar categorías de gran intensidad y representan una amenaza para pequeñas embarcaciones. El relato de Tami Oldham Ashcraft ofrece una visión práctica de cómo afrontar estas situaciones, desde la navegación celestial hasta la improvisación de recursos, y subraya la importancia de la preparación y el conocimiento náutico ante fenómenos meteorológicos extremos.


