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Creador de contenido Chris Ivan prueba efectos del “gooning” por siete días

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Creador de contenido relata los efectos de una semana practicando “gooning” (Foto: Instagram)

Durante una semana, un creador de contenido se adentró en una práctica poco conocida fuera de ciertos nichos de internet, pero que ha cobrado relevancia en debates sobre comportamiento y salud mental. El experimento ofreció un relato directo acerca de cómo hábitos aparentemente inofensivos pueden llegar a dominar rápidamente la rutina diaria.

Chris Ivan, conocido en redes sociales como CITV, decidió experimentar el llamado “gooning”, una técnica que consiste en prolongar la estimulación sexual hasta el borde del clímax y luego interrumpirlo de forma repetida, con el fin de mantener un estado continuo de euforia. El objetivo era sencillo: someterse al proceso durante siete días, documentar las sensaciones físicas y analizar los cambios en su estado de ánimo y en su nivel de energía.

Según explicó Chris, su historial previo era una advertencia: durante la adolescencia consumía contenido pornográfico varias veces al día. Tras un periodo largo sin acceder a este tipo de estímulos, describió sentirse “extremadamente sensible” al retomar el hábito. “Es como si fuera una droga diseñada para atraparte”, afirmó. “No hay beneficio real en consumir pornografía o en practicar gooning de manera continua.”

Primeros síntomas
En la primera jornada, la alteración se notó casi de inmediato. Después de la primera sesión se sintió con una marcada caída de energía por la tarde, como si algo vital le hubiera sido extraído. Aunque suele ser una persona dinámica, experimentó cansancio, irritabilidad y dificultades de concentración. Sin embargo, de manera paradójica, apareció un deseo persistente de repetir la experiencia: “Me resultaba muy atractivo volver a exponerme a esos estímulos porque, de otra forma, no me sentía tan bien como antes”.

El segundo día, los efectos se agravaron. Chris se despertó con la mente nublada, describiendo la sensación como si tuviera “el cerebro derretido”. Observó una reducción notable de la claridad de pensamiento y de la capacidad de atención. A la vez, luchaba contra un conflicto interno: “Sentía la tentación de ver contenido otra vez, pero sabía que no debía. Aun así lo hacía. Me invadía la culpa. Lo odio porque sé que es insalubre”.

A partir del tercer día, los impactos dejaron de ser puntuales y comenzaron a dominar su rutina. Se despertaba más tarde, lidiaba con pensamientos negativos espontáneos y sentía que tenía que esforzarse para mantener el control. El sentimiento de culpa por consumir pornografía con frecuencia se convirtió en un compañero constante, “como si me consumiera por dentro”. Tareas sencillas del día a día se convirtieron en obligaciones pesadas.

Efecto acumulado
Los días siguientes mantuvieron la misma tendencia. La mente de Chris estaba ocupada gran parte del tiempo con pensamientos vinculados al gooning, incluso mientras realizaba actividades distintas. Cuando finalmente cedía al impulso, el resultado ya no le proporcionaba emoción: “Simplemente me hace sentir normal, no mejor. Ya no es excitante”, comentó, refiriéndose a la habituación al estímulo.

Al término de la semana, describió haber perdido por completo las ganas de hacer casi cualquier cosa. La energía para tareas cotidianas desapareció y su paciencia se agotó. Un mes después, al revisar los cambios, reconoció una diferencia clara en su calidad de vida: su rutina sin el experimento resultaba más ligera, estable y funcional.

Contexto y recomendaciones
El término “gooning” deriva del argot inglés y suele relacionarse con una forma extrema de autoestimulación sexual, muy vinculada al fenómeno del “edging” o control del clímax. Aunque la masturbación forma parte de una sexualidad saludable, los expertos advierten que puede convertirse en problema cuando interfiere en las responsabilidades diarias, en las relaciones o en el trabajo.

La doctora Jen Claude, en un vídeo publicado en 2024, señaló que no existe un límite universal respecto a la frecuencia de la masturbación, ya que varía según cada individuo. Sin embargo, insistió en que la conducta se vuelve problemática cuando adopta características compulsivas. En esos casos, recomendó buscar evaluación profesional, pues prácticas intensificadas y asociadas al consumo frecuente de contenido adulto pueden aumentar el riesgo de desarrollar una relación desequilibrada con el propio comportamiento, afectando el estado de ánimo, la motivación y los hábitos diarios.

El experimento de Chris Ivan no pretende promover el gooning, sino visibilizar sus posibles riesgos: la fuerza mental que requiere, las excusas que el cerebro crea y las dificultades que surgen para abandonar un hábito que, en apariencia, puede parecer inofensivo.

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