El surcoreano Jang Ik-sun, de 38 años, concluyó una investigación académica de nivel de máster empleando únicamente los movimientos de sus ojos. Diagnosticado con distrofia muscular progresiva a los cinco años de edad, Jang perdió de forma gradual la movilidad corporal y, en la actualidad, depende de un ventilador para poder respirar. A pesar de las severas limitaciones físicas, logró completar un trabajo universitario sin utilizar las manos, el habla o cualquier otro medio tradicional de escritura.
La investigación de Jang Ik-sun lleva por título “Una autoetnografía de un activista de discapacidad muscular postrado en cama usando un ventilador” y se desarrolló a lo largo de tres años. En total, el texto reúne aproximadamente 70 000 caracteres, en los que el autor analiza de manera técnica y científica las barreras físicas, sociales y sistémicas que enfrentan las personas con discapacidad motora severa. Este tipo de estudio entra dentro del paradigma de la autoetnografía, una metodología cualitativa que combina el relato de la experiencia personal con el análisis crítico de los contextos culturales y sociales.
Para llevar a cabo la escritura, Jang utilizó un sistema de rastreo ocular avanzado, basado en la tecnología de eye-tracking, que consiste en la detección y el seguimiento de la mirada del usuario. El dispositivo, compuesto por una cámara infrarroja y un software de reconocimiento, se instaló en el techo de la habitación donde el estudiante permanece tumbado la mayor parte del tiempo. Mediante suaves pulsos en forma de parpadeos controlados, Jang seleccionaba cada letra en una interfaz adaptada, construyendo palabra tras palabra su tesis. Según cálculos realizados por él mismo, el proceso completo requirió alrededor de 189 000 parpadeos, incluyendo las revisiones y correcciones. Un borrador preliminar, con cerca de 35 000 caracteres, tuvo que ser descartado después de unas 63 000 pulsaciones por cuestiones de formato y coherencia.
La distrofia muscular progresiva es un grupo de enfermedades genéticas que se caracteriza por la pérdida paulatina de la fuerza y la masa muscular. A medida que avanza, los pacientes pueden necesitar dispositivos de asistencia para las actividades básicas de la vida diaria, como la respiración asistida o la movilidad a través de sillas de ruedas eléctricas. El uso de ventiladores no invasivos ha permitido prolongar y mejorar la calidad de vida de muchas personas con dificultades respiratorias asociadas.
El sistema de rastreo ocular, por su parte, ha ido ganando presencia en ámbitos como la investigación científica, la medicina y la educación. Este tipo de tecnología se aplica también en estudios sobre la atención y la cognición, en entornos de accesibilidad informática y en terapias de rehabilitación neurológica. La calibración del dispositivo consiste en enfocar una serie de puntos fijos para que el software aprenda el patrón de movimiento de los ojos de cada usuario, garantizando así una alta precisión en la selección de caracteres o en el manejo de menús en pantalla.
Jang Ik-sun ha manifestado su deseo de seguir vinculado al mundo académico y convertirse en investigador independiente. Su proyecto aporta un ejemplo de cómo las herramientas digitales y las metodologías inclusivas posibilitan la participación de personas con discapacidad severa en la producción de conocimiento. Además, resalta la importancia de diseñar infraestructuras universitarias y plataformas educativas con criterios de accesibilidad universal, de manera que ningún estudiante quede excluido por limitaciones físicas.
Este logro pone de relieve la intersección entre discapacidad, tecnología y educación superior, y subraya la necesidad de seguir desarrollando soluciones que integren a todos los colectivos en la vida académica y profesional. Con iniciativas como la de Jang, se abre paso un modelo de enseñanza más igualitario y adaptado a la diversidad de capacidades.


