El japonés Shoji Morimoto puso en marcha en 2018 un servicio tan sencillo como sorprendente: cobra por acompañar a personas sin realizar ninguna tarea más allá de conversar, comer o simplemente estar presente. La propuesta nació tras varias experiencias laborales frustradas y pronto obtuvo repercusión internacional gracias a medios como BBC Mundo.
Morimoto estudió Física en la universidad y cursó un posgrado centrado en el estudio de terremotos, pero no logró adaptarse al mercado de trabajo tradicional japonés. Tras pasar por distintas ocupaciones, descubrió que las labores convencionales no terminaban de encajar con sus habilidades y su forma de relacionarse. “Quizá hacer algo más activo no era para mí”, explicó en una entrevista.
Partiendo de esa reflexión, decidió convertir en negocio aquello que algunos veían como pereza o inacción. Desde junio de 2018, Morimoto ofrece su presencia durante actividades cotidianas: acompaña a clientes en una comida, charla en un parque o espera con ellos en una estación de tren. El servicio, insólito en apariencia, se basa en la simple compañía.
En su perfil en redes sociales, describe la oferta así: “Me alquilo como una persona que no hace nada. Acepto todo tipo de encargos. Basta con pagar 10.000 yenes japoneses (unos 63 euros), además de los gastos de transporte, comida y bebida.” Esta tarifa fija cubre el tiempo de acompañamiento, sin incluir otras tareas.
Morimoto recalca de forma contundente que no se compromete a realizar acciones adicionales: “No hago nada más que comer, beber y dar respuestas sencillas”. Su límite es claro: no realiza trabajos domésticos, no ofrece asesoramiento técnico ni interviene en cuestiones emocionales profundas. Solo está ahí, disponible para escuchar y compartir el momento.
Entre las solicitudes más frecuentes figuran la compañía para personas que no desean salir solas, la asistencia en comidas familiares o de negocios y el acompañamiento en desplazamientos rutinarios. En ocasiones también se le contrata para despedidas en estaciones de tren o para recibir a corredores al cruzar la meta de una maratón.
Según Morimoto, el impacto emocional en sus clientes suele ser muy positivo: “Hasta ahora, muchos me han contado que al contratarme experimentan un cambio mental liberador. Dicen que pueden expresarse sobre temas que de otro modo no se atreven a compartir con amigos o familiares”.
Con el aumento de peticiones, su popularidad en redes sociales creció de forma exponencial. Ha acumulado cientos de miles de seguidores, protagoniza un programa de televisión japonés y ha publicado un libro donde recoge anécdotas y reflexiones surgidas durante sus encuentros como “amigo de alquiler”.
Este fenómeno coincide con un contexto social en Japón marcado por el envejecimiento de la población, la urbanización y horarios laborales extremadamente largos. La soledad y el aislamiento son cuestiones de creciente preocupación pública, lo que ha favorecido la aparición de distintos servicios de compañía profesional centrados en la escucha y el apoyo puntual.
La rigidez del entorno laboral japonés, con expectativas de productividad elevadas y una cultura de dedicación casi exclusiva, ha dejado a muchos sin redes de apoyo suficientes. En ese terreno, los “amigos de alquiler” como Morimoto ofrecen una solución distinta: no sustituyen vínculos afectivos, pero proporcionan un espacio neutral donde compartir tiempo y palabras sin presiones.
El trabajo de Shoji Morimoto demuestra cómo las habilidades sociales más básicas pueden transformarse en una oferta de servicios en un mercado cada vez más orientado al bienestar emocional. Su caso ha trascendido fronteras y plantea un debate sobre la soledad en las sociedades contemporáneas y el valor de la simple presencia humana.


