Las estrechas calles del Barrio Español, en Nápoles, son famosas por su intensa actividad cultural y el constante flujo de turistas. En septiembre de 2024, Chiara Jaconis, una turista italiana de 30 años que residía en Francia y gestionaba una tienda de Prada en París, paseaba por esta zona histórica. Celebraba su trigésimo cumpleaños en compañía de su novio, Livio Rousseau, cuando lo que debía ser un paseo festivo se convirtió en tragedia al caer sobre ella un objeto desde gran altura.
Este barrio, cuyo nombre se remonta al siglo XVI cuando albergaba guarniciones españolas, mantiene aún hoy una arquitectura característica de callejones estrechos y balcones colgantes. Sus edificios de múltiples pisos, muchos de ellos con fachadas descascaradas, atraen a curiosos y profesionales de la fotografía que buscan capturar la luz mediterránea filtrándose entre los muros antiguos.
Las cámaras de seguridad de la zona registraron el momento exacto en que Chiara caminaba unos pasos por delante de Livio. De pronto, una estatuilla de ónix de aproximadamente dos kilogramos impactó contra su cabeza sin previo aviso. El ónix es una variedad de cuarzo apreciada en decoración por sus vetas y tonos oscuros, y en este caso la pieza decorativa se evidenció mortal debido a la altura desde la que cayó.
Según los cálculos iniciales de los peritos, el objeto cayó desde una altura de unos diez metros, adquiriendo velocidad suficiente para destrozarse al impactar contra el pavimento. Rousseau fue captado en las imágenes gritando “¡Chiara!” y “¡Dios mío!” mientras corría hacia ella pidiendo auxilio a los vecinos y transeúntes que, horrorizados, intentaban reaccionar.
Chiara Jaconis sufrió lesiones cerebrales muy graves y falleció en el hospital dos días después del suceso. Las autoridades sanitarias indicaron que el trauma craneal fue incompatible con la vida. Este incidente suscitó gran conmoción en toda Italia por lo imprevisible y trágico de las circunstancias.
La investigación policial determinó que la estatuilla fue arrojada desde el balcón de un hotel cercano por un adolescente de 13 años. En la legislación italiana, la responsabilidad penal comienza a los 14 años, lo que imposibilita procesar al menor por homicidio o por cualquier otro delito penal. Este umbral legal, establecido en el Código Penal italiano, persigue un equilibrio entre protección de la infancia y prevención de conductas delictivas.
Dada esta limitación, los fiscales centran ahora la acusación en los padres del menor, de 65 y 54 años respectivamente. Se les imputa un delito de homicidio culposo por negligencia en la supervisión, ya que tenían el deber de vigilar a su hijo y de evitar actividades potencialmente peligrosas. En casos similares, la jurisprudencia italiana ha puesto de relieve la responsabilidad de los tutores cuando existe antecedente de conducta riesgosa del menor.
El expediente del menor incluye reportes anteriores de arrojamiento de objetos desde alturas, como pinzas de ropa, mandos a distancia e incluso un tablet. Estas actuaciones previas refuerzan el argumento del Ministerio Público de que los padres incumplieron con su obligación de cuidado y no impidieron la repetición de esos actos, que finalmente resultaron fatales.
El alcalde de Nápoles, Gaetano Manfredi, expresó públicamente su pesar por lo ocurrido: “Es una pérdida tremenda que nos afecta profundamente como comunidad”, declaró. Por su parte, Sergio Giordani, alcalde de Padua —ciudad natal de la víctima—, calificó la muerte de Chiara como “absurda y completamente evitable”. Ambos mandatarios han mostrado su apoyo a las iniciativas de control en establecimientos de hostelería con vistas a prevenir incidentes similares.
La defensa de los padres rechaza toda responsabilidad. El abogado de la familia, Carlo Bianco, afirmó que la estatuilla ni siquiera pertenecía al domicilio familiar. “Se trata de una tragedia que ha golpeado a dos familias respetables: la de la pobre Chiara y la de mis clientes. No hay dolo, solo un lamentable accidente”, señaló. Además, pidieron la reapertura del caso contra el adolescente para que pueda defenderse mediante pruebas en juicio, y no solo acogerse a la exención de responsabilidad por edad.
Gianfranco Jaconis, padre de Chiara, consideró que el procesamiento de los progenitores del joven constituye un paso necesario hacia la verdad. “No nos satisface ni nos devuelve a nuestra hija, pero al menos es un inicio en el camino hacia la justicia”, comentó. La primera audiencia preliminar está programada para el 26 de junio, donde se decidirá si el proceso avanza a juicio formal bajo el sistema penal italiano, que prevé etapas de instrucción y posibles acuerdos antes del juicio.


