La yazidí Nadia Murad fue secuestrada por el Estado Islámico en agosto de 2014, en la región de Sinjar, al norte de Irak, después de un ataque que acabó con la vida de miembros de su familia y devastó su comunidad. A la edad de 21 años, Nadia fue sometida a la esclavitud sexual y a continuos abusos durante varios meses, siendo vendida en subastas de personas en repetidas ocasiones antes de lograr escapar y llevar su testimonio al escenario internacional.
Durante aquella ofensiva, perdieron la vida su madre y seis de sus hermanos. Nadia y otras mujeres pertenecientes a la minoría yazidí fueron trasladadas a Mosul, bastión del grupo extremista, donde sufrieron torturas físicas y psicológicas en condiciones de privación extrema. La persecución de los yazidíes, una comunidad religiosa que se identifica con creencias propias y no se ajusta al islamismo, cristianismo ni judaísmo, ha sido calificada como un genocidio por organismos internacionales.
Tras su fuga, Nadia Murad se convirtió en portavoz de las víctimas. Su relato estremecedor aportó pruebas sobre la sistemática violencia sexual empleada como arma de guerra y contribuyó a que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas abordara por primera vez la cuestión de los crímenes de Isis contra mujeres y niñas. Desde entonces, ha viajado por decenas de países ofreciendo declaraciones ante parlamentos y tribunales que investigan la persecución y propugnando reformas legales para reconocer plenamente la esclavitud sexual como crimen de lesa humanidad.
En 2018, Nadia Murad recibió el Premio Nobel de la Paz junto al médico congoleño Denis Mukwege. Este galardón, otorgado por el Comité Nobel Noruego, reconoce sus esfuerzos para poner en conocimiento del mundo los horrores de la violencia sexual en los conflictos armados y para defender a las víctimas. El Premio Nobel de la Paz se concede cada año a personas u organizaciones cuyos trabajos potencian la fraternidad entre naciones, el desarme y la conciliación internacional.
Desde 2015, Nadia vive en Alemania y fundó la organización Nadia’s Initiative. Esta iniciativa sin ánimo de lucro se dedica a apoyar a sobrevivientes de violencia sexual y facilitar la reconstrucción de comunidades afectadas en zonas de conflicto, especialmente en la región de Sinjar. Entre sus principales objetivos figura el suministro de asistencia psicológica y sanitaria, proyectos de vivienda y programas de formación profesional, con el fin de restablecer medios de vida sostenibles.
La trayectoria de Nadia Murad ejemplifica el impacto que puede tener una voz individual en la esfera global. Su denuncia ha impulsado investigaciones judiciales en tribunales internacionales y nacionales, y ha servido para exigir responsabilidades a quienes perpetraron actos de genocidio y crímenes contra la humanidad. Asimismo, ha facilitado que las Naciones Unidas establezcan resoluciones más contundentes sobre la protección de las mujeres en situaciones de guerra.
Históricamente, los yazidíes son una minoría étnico-religiosa originaria de Mesopotamia, con un sistema de creencias que combina elementos de religiones antiguas de la región. Su trato degradante por parte de Isis se enmarca en la visión ultrarradical de este grupo para imponer un califato basado en su propia interpretación del islam. Las autoridades iraquíes y organizaciones internacionales han documentado miles de asesinatos, privaciones de libertad y desplazamientos forzados de yazidíes desde 2014.
Hoy, cada vez que Nadia Murad entra en una sala, ya sea en una institución política, en una conferencia de derechos humanos o ante un tribunal, el mundo reconoce la fuerza de su testimonio. Su figura simboliza la lucha contra la impunidad y la exigencia de justicia para las víctimas de violencia sexual. A través de su activismo, ha logrado que colectivos de supervivientes de diversas partes del mundo se sientan apoyados y visibilizados, y que los gobiernos adopten políticas más efectivas para prevenir y sancionar estos crímenes.


